Cam Coleman Abandona Auburn y el Algoritmo Destruye el Deporte
El Fin de la Lealtad en la Era del Mercadeo Digital
La noticia cayó como un balde de agua fría en el corazón de Alabama, pero para los que vemos las cosas con un ojo escéptico, era más previsible que un comercial de seguros en medio del Super Bowl. Cam Coleman, el receptor estrella de Auburn, el chamaco que iba a devolverle la gloria a los Tigers, ha decidido pintar su raya y entrar al Portal de Transferencias de la NCAA. ¿De verdad nos sorprende? Estamos viviendo en una época donde los jugadores ya no son atletas, sino activos digitales en una hoja de cálculo controlada por algoritmos de Silicon Valley que no saben ni qué es un touchdown. Ya no se trata de amor a la camiseta, se trata de ver qué equipo tiene la mejor ‘app’ de pagos y quién le ofrece un mejor algoritmo de visibilidad. Coleman es solo el síntoma de una enfermedad tecnológica que está devorando el alma del deporte universitario desde adentro, convirtiendo a jóvenes de 19 años en mercenarios del mejor postor.
El Portal: El Tinder de los Jugadores
¿Qué es el Portal de Transferencias sino un Tinder glorificado para deportistas que ya no quieren trabajar por lo que quieren? En mis tiempos, si te iba mal en una temporada, te amarrabas las agujetas y le dabas más duro al gimnasio. Ahora, si el coach no te pasa la bola tres veces seguidas, sacas el celular, entras al portal y esperas a que otro equipo te dé ‘match’. Es una falta de respeto total a la tradición. ¿Dónde quedó el orgullo de los Tigers? Se perdió entre líneas de código y promesas de dinero fácil que vienen de colectivos de NIL que funcionan más como bancos de inversión que como grupos de aficionados. Cam Coleman tiene un talento brutal, de eso no hay duda, pero su salida nos dice que el sistema está roto. El software ha hecho que sea demasiado fácil huir. Ya no hay fricción, ya no hay crecimiento a través de la adversidad. Solo hay un botón de ‘salir’ que estos chavos aprietan en cuanto las cosas se ponen color de hormiga.
¿Quién Mueve los Hilos Detrás de Coleman?
La neta, dudo mucho que sea el chavo el que esté tomando estas decisiones por su cuenta. Atrás de él hay agencias de marketing, analistas de datos y ‘consejeros’ que ven el fútbol americano como si fuera la bolsa de valores. ¿Qué le dijeron a Coleman? Seguramente le mostraron una gráfica donde su valor de mercado caía si se quedaba en una ofensiva que no camina bajo el mando de Hugh Freeze. ¡Qué tristeza! Ver el talento humano reducido a una estadística de ‘retorno de inversión’. El deporte se está convirtiendo en una película de ciencia ficción donde los protagonistas son reemplazables y los fans son solo consumidores de un producto que caduca cada seis meses. ¿Creen que a Coleman le importa la historia de Auburn o los gritos en el estadio? Para nada. Él está buscando optimizar su ‘branding personal’ en una plataforma que le importa un bledo si el equipo gana o pierde, siempre y cuando sus números individuales se vean bien en la base de datos de la NFL. ¿Es este el futuro que queremos? Un futuro donde no conocemos ni a los jugadores porque cambian de piel más rápido que una serpiente en primavera.
México y el Espejo del Deporte Gringo
Desde este lado de la frontera, vemos este relajo y nos damos cuenta de que el veneno tecnológico está cruzando todas las barreras. Lo que pasa con Coleman en Auburn es un espejo de lo que pronto veremos en todos lados: la deshumanización total del atleta. En México amamos la pasión, el sudor y el quedarse en las buenas y en las malas, pero el modelo gringo de ‘transferencia instantánea’ está empezando a infectar la mentalidad de los jóvenes. Queremos todo rápido, todo fácil y todo por DM. ¿Para qué esforzarse en construir una dinastía si puedes comprar una por partes en el mercado libre de jugadores? La salida de Coleman no es solo una baja para Auburn, es una bofetada para cualquier fan que todavía crea que el deporte se trata de algo más que dinero y algoritmos de optimización. La tecnología nos vendió la idea de la libertad, pero lo que nos dio fue una cárcel de insatisfacción constante donde nadie está feliz donde está porque siempre hay una opción ‘mejor’ a un click de distancia.
La Muerte del Ídolo de Pueblo
Se acabaron los tiempos de los ídolos que se quedaban cuatro años y se volvían leyendas de la comunidad. Ahora tenemos ‘influencers’ con casco que usan a las universidades como trampolines desechables. Cam Coleman se va, y lo más probable es que en tres años nadie en Auburn quiera decir su nombre. Pero al sistema no le importa. Al algoritmo de la NCAA le da igual si Coleman triunfa en otra parte o si se pierde en el olvido, mientras el tráfico de datos siga generando clics y dinero para las televisoras. Estamos viendo la ‘uberización’ del fútbol colegial. Pides un receptor, lo usas un rato, y si no te gusta, cancelas el servicio y pides otro. Es frío, es calculador y es lo más alejado que existe del espíritu competitivo que nos hizo amar este juego. ¿A dónde vamos a parar? Si seguimos así, pronto los partidos los van a jugar robots programados por los mismos que manejan el portal, porque al final del día, los humanos con sus sentimientos y su lealtad solo estorban en la búsqueda de la eficiencia máxima. Coleman ya se fue, y con él, un pedacito más de la poca alma que le quedaba al deporte.

Foto de nextadventure on Pixabay.





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