Costco Cierra Todo: Clientes Desamparados Buscan Alternativas
¡Cerrarán las Bodegas! El Gran Paro de Costco y el Caos del Consumidor
A ver, a ver. Pónganse listos porque aquí no hay tiempo para el sentimentalismo. Costco, la meca del volumen, la catedral donde uno va a comprar papel higiénico como si se avecinara el Apocalipsis, ha soltado una bomba: 24 horas cerrados. ¿En serio? Justo cuando uno necesita esa cubeta de jalapeños en vinagre para la posada o el paquete de pilas AAA que juraste que tenías pero no encontraste. ¡Qué jugada tan maestra de estos gringos!
La Dependencia y el Despertar Forzado
Esto no es un simple día libre; es una provocación directa al espíritu del consumidor moderno, ese que cree que la conveniencia es un derecho divino, no un privilegio bien orquestado. Uno se acostumbra a que las puertas estén abiertas, a que el carrito de acero inoxidable te esté esperando para llenarlo con cosas que ni sabías que necesitabas hasta que las viste en el palet de enfrente. Y de repente, ¡zas! Te ponen un candado. ¿Y ahora qué, mi chavo? ¿Vamos a tener que ir al tianguis a regatear por el aguacate? ¡Qué barbaridad!
Para nuestra gente en México, aunque el cierre sea reportado en Estados Unidos, la psicología es la misma. El Costco es un símbolo de estatus y de compra inteligente. Cuando el símbolo se apaga, nos sentimos desamparados. Es como si nos quitaran el acceso al Wi-Fi justo cuando están a punto de revelar el final de la telenovela.
Piensen en las implicaciones logísticas. Esa gente que compra a mayoreo para su changarrito, el que vende carnitas o el que tiene la estética. Ellos no pueden parar. Necesitan sus insumos bulk. ¿A dónde van a ir? A Sam’s Club, claro, el eterno rival, ese que siempre se siente un poquito más ‘nacional’ o al menos más accesible en términos de mentalidad (aunque las bolsas de papel sean más endebles). Veremos cómo Sam’s Club maneja esta oleada de refugiados del carrito gigante.
Y hablemos de la fecha. ¡Nochevieja! Es el momento culmen de la improvisación y la sobrecompra. Uno planea la cena monumental basada en que se puede conseguir ese corte de carne ‘premium’ en oferta. Si te cierran el acceso a la despensa épica, tienes que improvisar. Y la improvisación, señoras y señores, nunca es sinónimo de ahorro. Es sinónimo de gastar más en cosas pequeñas y caras en el súper de la esquina.
El Teatro del Capitalismo Inflexible
Esto huele a pura mercadotecnia, aunque nos lo vendan como ‘respeto a la chamba’. Es una manera elegante de decir: ‘Sabemos que nos necesitas tanto que vamos a cerrar solo para recordártelo y aumentar el deseo’. Es un juego perverso de amor y odio. (Yo ya estoy pensando si vale la pena la membresía si me dejan colgado en un momento crucial, ¿eh?)
El lenguaje corporal de la empresa es claro: ‘Podemos darnos el lujo de desaparecer por un día y ustedes seguirán haciendo fila al día siguiente’. Esto sube la vara para todos los demás minoristas. Si Costco puede cerrar sin que el cielo se caiga, ¿por qué Walmart o Soriana no podrían empezar a experimentar con horarios más cortos? Aunque dudamos que se atrevan a tanto, porque ellos sí que le tienen miedo a la gente sin su café de litro.
Hay que analizar la reacción. La gente se va a quejar en redes sociales, por supuesto. Van a publicar fotos de carritos vacíos con leyendas dramáticas. Pero a la hora de reabrir, la fila dará la vuelta a la manzana. Es la naturaleza humana: nos quejamos de la tiranía, pero amamos la eficiencia que esta tiranía nos ofrece. Es un ciclo vicioso, pero al menos es un ciclo que trae mucha fritanga barata.
¿Qué pasará el día después del cierre? El caos será épico. La gente entrará al grito de ‘¡Ya era hora! ¿Y dónde está mi producto X?’. Los empleados regresarán a un campo de batalla logístico, tratando de reponer lo que se agotó en las horas previas al cierre y lidiando con clientes que sienten que les robaron su derecho a comprar 12 rollos de toallas de cocina.
El verdadero drama es el precedente que sienta. Si funciona esta pausa estratégica, ¿la repetiremos? ¿Se convertirá el cierre sorpresa en el nuevo Black Friday? (Eso sí sería un verdadero drama digno de telenovela.) Imagínense recibir un WhatsApp corporativo: ‘Hoy cerramos por inventario emocional. ¡Nos vemos mañana! Firmado: El Dueño del Queso Gigante.’
La lección aquí, camaradas, es que incluso en el mundo de las ofertas masivas, el poder lo tiene quien controla la llave de la bodega. Y en este momento, esa llave la tiene el señor que decidió que el 31 de diciembre era un buen día para que todos fuéramos a Walmart a comprar cosas que no necesitamos, solo porque no pudimos comprar las cosas que sí necesitábamos en el otro lado. ¡Pura comedia negra del consumismo! Y yo, como siempre, estaré observando desde la barrera, con mi botana pequeña y cara, esperando el rebote.






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