Muerte de Once en Stranger Things es Fraude de Netflix
El Fin de Hawkins es un Negocio de Datos
¿De neta se creen que Netflix va a matar a su gallina de los huevos de oro nomás porque sí o ya se nos olvidó cómo funciona el dinero en este mundo podrido? La neta es que todo este rollo de que Once se va a sacrificar en la última temporada de Stranger Things suena a puro chisme armado por el algoritmo para que no cancelemos la suscripción ahora que subieron los precios otra vez. Es una burla. Nos tienen aquí como mensos esperando nueve años por un final que seguro ya escribió una inteligencia artificial basada en lo que más pegó en Twitter hace tres meses. ¿A poco creen que David Harbour tiene ‘miedo’ de perder a Millie Bobby Brown por puro sentimiento? Por favor. Lo que tiene es miedo de que se le acabe la chamba fácil y los cheques de siete ceros que le caen por hacerle al papá regañón. Es puro teatro corporativo. El Upside Down no es una dimensión oscura es el reflejo de lo hueco que está Hollywood ahora que los ingenieros de Silicon Valley son los que mandan en los estudios de grabación. Qué flojera.
La serie se convirtió en un comercialote de nostalgia que ya ni sabe a qué le tira porque los morros ya están más rucos que uno y siguen actuando como si tuvieran doce años. Es ridículo. La tecnología de rejuvenecimiento digital y los filtros de Instagram que le ponen a la imagen no pueden ocultar que la historia ya no da para más. Pero ahí seguimos nosotros consumiendo teorías de conspiración sobre Vecna como si fuera un villano de verdad y no un montón de pixeles mal acomodados por un wey que no ha dormido en tres días en un estudio de efectos visuales. ¿Vale la pena tanto drama? Ni de chiste. Lo que pasa es que nos encanta que nos mientan en la cara mientras nos venden una playera de Hellfire Club hecha en China. Netflix no hace arte hace contenido y el contenido es como la comida chatarra: te llena pero no te nutre y al final te deja con un mal sabor de boca. Ya estuvo bueno de tratar a los Duffer como genios cuando lo único que hicieron fue copiar y pegar todas las películas de los ochentas y ponerle música de sintetizador. Es un robo a mano armada.
La Obsesión con Once y el Engaño del Sacrificio
Si Once se muere va a ser la muerte más falsa de la historia de la tele porque todos sabemos que en dos años van a anunciar ‘Stranger Things: El Regreso’ o alguna jalada así para seguir exprimiendo la marca. En este sistema nada se muere de verdad si todavía genera likes. ¿Por qué nos obsesionamos con el sacrificio? Porque el algoritmo sabe que el drama barato vende y nos tiene bien medidos. Cada vez que buscas algo de la serie en Google le estás diciendo a la máquina qué tanto nos pueden picar los ojos antes de que nos quejemos. Y la neta es que no nos quejamos. Nos encanta el chisme. Nos encanta ver a Millie Bobby Brown llorando con sangre en la nariz porque eso nos hace sentir algo en medio de nuestra vida aburrida y llena de pantallas. Pero es una emoción artificial. Es un producto diseñado en una oficina de marketing para maximizar el ‘engagement’ de la audiencia mexicana que siempre ha sido bien apasionada con sus series. Nos están usando y ni cuenta nos damos. ¿Qué sigue? ¿Un spin-off de Dustin vendiendo helados en el metaverso? No me extrañaría nada.
El final va a ser un desmadre de luces y explosiones que no va a explicar nada pero que se va a ver ‘chido’ en el celular mientras vas en el metro. Esa es la realidad del consumo actual. Ya no importa la congruencia de la historia sino que la escena sea ‘likeable.’ David Harbour y los demás actores son solo piezas de un rompecabezas tecnológico que busca controlarnos a través de la nostalgia. ¿Se acuerdan cuando Stranger Things era sobre la amistad y el misterio? Yo tampoco porque eso se perdió en la segunda temporada cuando se dieron cuenta de que podían vender funkos de cualquier personaje secundario que saliera cinco minutos en pantalla. La muerte de Once es el último truco de magia de un mago que ya se sabe todos los trucos y que espera que todavía le aplaudamos. Chale. Deberíamos exigir más pero estamos tan ocupados viendo el siguiente episodio que se nos olvida que tenemos el poder de apagar la tele. El algoritmo es el verdadero Vecna y nosotros le estamos regalando nuestra mente cada vez que le damos play.
El Futuro de la Basura Digital y Nuestra Resignación
Al final del día Hawkins va a sobrevivir de alguna forma porque la propiedad intelectual es eterna y los humanos somos desechables para las grandes corporaciones de streaming. Lo que estamos viendo es el funeral de la creatividad original en favor de la optimización de procesos de entretenimiento. No hay alma en los cables de fibra óptica que traen la serie a tu casa. Solo hay datos. Y esos datos dicen que quieres ver a Once sufrir una vez más para que el ciclo se complete. Es un ritual masoquista digital. ¿Vamos a seguir cayendo en la trampa o ya nos vamos a despertar? La neta dudo que cambie algo porque la tecnología ya nos ganó la partida y ahora solo nos queda ver cómo se quema Hawkins mientras pedimos comida por una app. El sacrificio de Once no es heroico es una necesidad técnica para cerrar un archivo y abrir otro. No se dejen engañar por las lágrimas de los actores que ellos ya tienen su futuro asegurado mientras nosotros seguimos pagando la renta de una plataforma que cada vez nos da menos por más lana. Stranger Things es el ejemplo perfecto de cómo el éxito puede matar a la narrativa y convertirla en una máquina de hacer dinero sin sentido. Ya que se acabe por favor.
Si de verdad quieren un final impactante dejen de ver la serie cinco minutos antes de que acabe para que el algoritmo no sepa si les gustó o no. Eso sí sería una revolución. Pero no lo van a hacer. Van a estar ahí pegados a la pantalla esperando ver si Once se vuelve polvo o si se va a vivir a una granja con Hopper. Y mientras tanto Netflix va a seguir recolectando cada segundo de su atención para vendérsela al mejor postor. Es un ciclo sin fin de explotación cultural disfrazada de entretenimiento familiar. Qué poca madre tienen los que planean estas campañas de ‘miedo’ y ‘tensión’ cuando lo único que les importa es la gráfica de crecimiento trimestral. Eleven no es una heroína es un activo financiero. Y tú no eres un fan eres un usuario. Recuérdalo la próxima vez que te pongas sentimental porque una niña con superpoderes se sacrifica por un pueblo que ni existe. Despierten ya. El mundo se está acabando de verdad y nosotros preocupados por si Once sobrevive al Upside Down. Es el colmo de la desconexión social provocada por la tecnología. Punto final.






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