Final de Stranger Things es Puro Chantaje Emocional Gringo

Final de Stranger Things es Puro Chantaje Emocional Gringo

Final de Stranger Things es Puro Chantaje Emocional Gringo

La Gran Estafa de la Nostalgia: Por Qué el Final de Stranger Things Nos Ve la Cara

Neta, ya estuvo bueno. Alguien tiene que soltar la sopa antes de que Netflix nos llene el feed con sus videitos de ‘detrás de cámaras’ y los hermanos Duffer salgan a chillar por lo ‘emotivo’ que fue cerrar este ciclo. Lo que nos están vendiendo no es el final de una historia, es un control de daños nivel Dios. Dicen que el final es ‘tambaleante pero conmovedor’. ¿Saben qué significa eso en cristiano? Que el guion está más flojo que un diente de leche pero que te van a poner música triste para que no te fijes en los huecos de la trama. Nos han tenido picados durante nueve años (¡nueve años, caray!) esperando a que unos niños que ya tienen barba y pagan impuestos terminen de jugar a las escondidillas con monstruos de hule. Es un insulto a la inteligencia, pero como es Stranger Things, todos tenemos que decir que es ‘arte’. Pues no, no es arte, es negocio puro y duro disfrazado de recuerdos de los ochentas que ni nos tocan.

Es una payasada.

Los Duffer Brothers están más preocupados por no regarla como los de Game of Thrones que por darnos un final que tenga sentido. Saben que si el final apesta, la lana de los spinoffs se les va a ir de las manos. Por eso andan de intensos diciendo que ‘profundizaron’ en las emociones. (Si por profundizar se refieren a exprimirle la última gota de fama a Millie Bobby Brown antes de que se vuelva demasiado cara para ellos, pues sí, profundizaron un buen). Estamos viendo a una bola de adultos de casi 30 años pretendiendo que todavía les asusta la oscuridad en Hawkins, cuando lo que debería asustarles es que se les está pasando el tren. Pero ahí vamos todos, a prender la tele y a chillar porque nos activan la nostalgia de una época que en México vivimos muy diferente, pero que nos vendieron completita con todo y los waffles gringos. Es una colonización cultural envuelta en papel de regalo ‘vintage’.

El Upside Down es el Vacío de Ideas de Netflix

Vamos a hablar al chile: el Upside Down ya no da miedo, da hueva. Lo que empezó como un misterio chido en un pueblo bicicletero se convirtió en una guerra interdimensional que ya ni ellos entienden. Cada vez que los Duffer dicen que van a ‘explicar’ algo, lo único que hacen es inventarse otra regla que rompe la anterior. Es el clásico cuento de nunca acabar porque Netflix necesita que sigas pagando la suscripción. Stranger Things es el último tanque de oxígeno de una plataforma que se está hundiendo entre tanto reality show chafa y cancelaciones de series que sí valían la pena. Por eso el final tiene que ser ‘épico’, aunque la historia ya no dé para más. Nos están dando gato por liebre y nosotros pedimos limosna. El final ‘shaky’ (tambaleante, para los que no hablan inglés) es la excusa perfecta para cuando nos demos cuenta de que no supieron cómo cerrar el changarro. Te van a decir que ‘fue un viaje emocional’ para que no les reclames el tiempo perdido.

No se dejen engañar por las lucecitas neón.

La neta es que el show se debió terminar en la segunda temporada, máximo en la tercera. Pero como dejó mucha lana, lo estiraron como chicle viejo. Y ahora, después de esperar años entre cada temporada, nos salen con que el final es ‘agridulce’. ¡Agridulce es pagar el aumento de Netflix cada seis meses! Lo que están haciendo es manipularnos. Saben perfectamente qué botones apretar para que compartas el meme, para que compres la playera en el centro y para que sigas hablando de ellos. El ‘adiós a Hawkins’ es más una campaña de marketing que un evento cultural de verdad. Es el funeral de la creatividad en el streaming. Ya no se trata de contar una buena historia, se trata de mantener el ‘engagement’. Si de verdad fueran tan valientes como dicen, habrían terminado esto hace años, pero la ambición es canija y el cheque de Netflix más. (Y ni hablemos de cómo van a querer meternos spinoffs hasta por la nariz en cuanto pasen los créditos finales).

¿Poético o Patético? El Dilema de los Duffer

Dicen que el cierre es poético. Yo digo que es patético tener que justificar un final antes de que salga. Si el trabajo fuera bueno, no necesitarían andar dando mil entrevistas explicando por qué lloraron en el set. Lloraron porque se les acabó la mina de oro, no por los personajes. Los actores ya están desesperados por hacer otras cosas y se les nota en la cara. Ya no tienen esa chispa de la primera temporada; ahora parece que están cumpliendo una condena. Pero claro, el discurso oficial es que todos son una gran familia y que el final nos va a volar la cabeza. Lo único que nos van a volar es el tiempo. Hawkins se volvió un parque de diversiones donde nada tiene consecuencias reales. Si alguien muere, seguro es el personaje nuevo que a nadie le importa, porque no tienen los pantalones para tocar a los protagonistas. Eso no es poético, es cobardía corporativa.

Es puro teatro.

Al final del día, Stranger Things se convirtió en lo que juró destruir: un producto genérico de estudio que solo busca la aprobación de los algoritmos. Los Duffer se la creen de muy genios, pero solo están reciclando ideas de Spielberg y Stephen King con un filtro de Instagram. Y nosotros, como buenos consumidores, vamos a estar ahí el día del estreno, haciendo fila virtual para ver cómo se acaba este circo. Pero que no nos digan que es algo profundo. Es un adiós forzado, un cierre que llega tarde y una despedida que sabe más a alivio que a tristeza. Disfruten sus monstruos y sus sintetizadores, pero no se olviden que detrás de cada lágrima de Eleven hay un contador contando billetes. Así que, preparen los pañuelos si quieren, pero que sea por el dinero que gastamos en un servicio que nos da puras sobras emocionales. (Y si al final resulta que todo fue un sueño de D&D, juro que voy a las oficinas de Netflix a pedir mi reembolso personalmente).

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