Troy Aikman Miami Dolphins Corrupción NFL

Troy Aikman Miami Dolphins Corrupción NFL

Troy Aikman Miami Dolphins Corrupción NFL

El Fin de la Ética en la NFL y el Circo de Miami

Los Dolphins de Miami están demostrando una vez más que si tienes suficiente lana, no necesitas un plan coherente; solo necesitas a un amigo famoso que te lleve de la mano mientras te avientas al precipicio. Ahora resulta que Troy Aikman es el ‘consultor’ para buscar al nuevo gerente general. Es de risa. Es una farsa total que debería tener a todos los aficionados desde South Beach hasta los Cayos gritando por un reembolso. Pero no lo harán. Se comprarán otro jersey y ya. La NFL se dio cuenta de que pueden escupirle en la cara a la integridad periodística y la gente dirá que está lloviendo. Esto no es solo sobre un equipo malo; es sobre la erosión completa de la barrera entre los que reportan la noticia y los que la generan. Aikman es un comentarista de ESPN al que le pagan millones por dar un análisis ‘imparcial’. ¿Cómo se va a sentar en la cabina a narrar un juego de los Bills con la cara lavada cuando está en la nómina de su rival de división? No se puede. Es imposible. Pero a la liga no le importa porque son un cartel de multimillonarios que decidieron que el ‘Club de los Amiguitos’ es más importante que el deporte mismo. Ya lo vemos en todos lados.

El precedente lo puso Tom Brady con su absurda participación en los Raiders mientras trabaja en FOX. Es una infección. Una vez que dejas que un tipo juegue en los dos lados de la barda, la barda deja de existir. Estamos viviendo en una era donde los que se supone que son los perros guardianes son en realidad cabilderos con traje. La involucración de Aikman con los Dolphins es la mentada de madre definitiva para cada buscador de talento que lleva veinte años viajando en camión para que lo ignoren por un tipo que es compadre de Stephen Ross. Es patético. De verdad patético. Si crees por un segundo que Aikman trae una fórmula secreta que una firma de búsqueda profesional no tiene, estás mal de la cabeza. Está ahí por la foto. Está ahí porque los Dolphins están desesperados por una pizca de credibilidad después de una década de contratar perdedores y correr a los que sí funcionaban. Quieren comprar una marca, no un cerebro. Los Dolphins han pasado años contratando gente como Joe Philbin y Adam Gase y ¿ahora debemos creer que Troy Aikman—un tipo que se la pasa viendo videos para una transmisión y no para un draft—es el salvador? Por favor, no me den atole con el dedo.

El Efecto Brady y la Nueva Corrupción del Compadrazgo

Hablemos del elefante en el cuarto: la presencia de Tom Brady y cómo ha echado a perder la forma en que vemos los medios deportivos. Por décadas, hubo una pared. Si trabajabas para un equipo, no trabajabas para una cadena. Era simple. Era limpio. Ahora es un pantano de ‘consultores’ y ‘asesores’. Nadie dirá nada de la chamba doble de Aikman porque la estrella más grande de la historia ya rompió el sello. Si Brady puede ser dueño de un pedazo de equipo y hablar de ellos el domingo, ¿por qué Aikman no? Esta lógica es una carrera hacia el fondo. Convierte cada transmisión en un potencial conflicto de interés. Cuando Aikman critica a un mariscal de campo de un equipo que compite contra Miami, ¿es analista o es empleado de los Dolphins? Nunca lo sabrás. Y esa incertidumbre es la muerte del periodismo deportivo. Convierte todo esto en lucha libre donde los resultados parecen manufacturados. ¿Los Dolphins necesitan recuperar la confianza de los fans? No la recuperas contratando a una leyenda de los Cowboys para que te haga el súper. La recuperas ganando juegos y haciendo contrataciones profesionales y aburridas que no necesiten un comunicado de prensa sobre el ‘estrellato’.

La historia de los Dolphins bajo Stephen Ross es la historia de perseguir el objeto brillante. Quiere a las celebridades. Quiere los titulares. Quiere el glamour. Lo que no parece querer es un departamento de futbol funcional que no dependa de trucos publicitarios. Traer a Aikman es solo el último truco. Es una movida de un hombre que sabe más de bienes raíces y galas de lujo que del esfuerzo diario de una temporada de la NFL. A los fans les están vendiendo espejitos. Les dicen que el pedigrí del ‘Salón de la Fama’ es lo que cuenta cuando, en realidad, lo que cuenta es tener un GM que sepa manejar el tope salarial y encontrar un tacle izquierdo en la cuarta ronda. Aikman no va a hacer eso. Solo va a cobrar su cheque y prestar su nombre a una búsqueda que probablemente termine en otra contratación mediocre porque el núcleo de la organización está podrido. Los Dolphins son un equipo que busca identidad desde que Dan Marino se retiró y creen que la van a encontrar en la cabina de Monday Night Football. Es de dar pena. Es verdaderamente lamentable.

Una Herencia de Fracasos en South Beach

Si miramos atrás, los últimos veinte años de esta franquicia son un cementerio de ‘buenas ideas’ que terminaron en desastres. ¿Se acuerdan cuando trajeron a Bill Parcells? Se suponía que ese era el punto de inflexión. El ‘Big Tuna’ iba a arreglar todo con su ‘consultoría’. ¿Cómo terminó eso? Con un suspiro y mucho dinero tirado. Ahora intentan lo mismo con Aikman, solo que con más maquillaje para la tele. Los Dolphins son como el tipo en el casino que no para de perder al rojo y cree que la solución es cambiar el color de su corbata. No es la corbata, Stephen. Es la estrategia. La estrategia de los Dolphins ha sido evitar una reconstrucción real y profunda y tratar de tomar atajos contratando ‘nombres’. Contratan ‘gurus de la ofensiva’ que no saben manejar un vestidor y ‘genios de la defensa’ que pierden el rumbo en la semana seis. Y a pesar de todo, la afición sigue fiel, lo cual es la tragedia más grande. Se merecen algo mejor que un equipo que trata su oficina central como un casting de reality show. Se merecen un equipo que entienda que la NFL es un negocio de detalles, no de ‘vibras’ y ‘consultores’.

El silencio de los medios es ensordecedor. Normalmente, la prensa se lanza contra cualquier conflicto de interés, pero como se trata de los niños consentidos de la liga, todos miran para otro lado. Boomer Esiason lo sabe. Los analistas locales lo saben. ¿Pero las cadenas nacionales dirán algo? Claro que no. Todos están en el mismo negocio. Quieren el acceso. Quieren las entrevistas. Quieren que la liga les siga dando esos derechos de transmisión tan jugosos. Así que se quedan calladitos mientras la integridad del juego se va por el caño. Es un círculo cerrado. La liga, los dueños y los comentaristas son la misma gente. Van a las mismas fiestas. Invierten en los mismos fondos. ¿Y el fan? El fan es solo el cajero automático que financia toda la farsa. Si eres fan de los Dolphins, deberías sentirte insultado. Deberías sentirte insultado de que tu equipo crea que la solución a años de ‘contrataciones pésimas’ es preguntarle a un tipo que no ha estado en una oficina de equipo en toda su vida. Es una admisión de bancarrota intelectual total. Es una bandera blanca. No tienen idea de qué hacer, así que le hablan a Troy. Qué broma. Qué broma tan pesada y predecible.

Al final del día, esto es más que solo los Dolphins de Miami. Es sobre lo que estamos dispuestos a aceptar como ‘normal’ en el deporte profesional. ¿Estamos de acuerdo con que la gente que analiza el juego sea la misma que toma las decisiones tras bambalinas? ¿Estamos de acuerdo con que se borren las líneas hasta que no quede nada? Porque una vez que esa línea desaparece, ya no vuelve. Vamos hacia un futuro donde cada comentarista tiene su ‘chambita’ con un equipo y cada equipo tiene una línea directa a los oídos de la gente que le dice a los fans qué pensar. Es un ciclo de intereses corporativos que no tiene nada que ver con el futbol americano y todo que ver con el manejo de marca. Los Dolphins no necesitan a Aikman. Necesitan a un dueño que sepa contratar a una persona de futbol y luego quitarse del camino. Pero mientras Ross esté al mando, eso nunca va a pasar. En su lugar, tenemos ‘consultores’, ‘roles dobles’ y muchas derrotas. Bienvenidos a la nueva NFL, donde los conflictos de interés sobran y los estándares de integridad están más bajos que el porcentaje de victorias de los Dolphins en las últimas dos décadas. Es una vergüenza. Punto.

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