Acereros al Pro Bowl: Puro Circo y Mercadotecnia de la NFL

Acereros al Pro Bowl: Puro Circo y Mercadotecnia de la NFL

Acereros al Pro Bowl: Puro Circo y Mercadotecnia de la NFL

La Farsa de las Estrellas en la Era del Tocho Bandera

Ya nos la quieren aplicar otra vez. Los Pittsburgh Steelers, ese equipo que vive más de sus glorias pasadas que de su presente mediocre, vuelven a mandar a tres de los suyos al Pro Bowl. ¡Qué emoción, verdad! Por 25 temporadas consecutivas han enviado a múltiples jugadores, pero la neta, ¿a quién le importa? El Pro Bowl se ha convertido en un evento tan desabrido y aburrido que hasta los mismos jugadores prefieren quedarse en su casa viendo Netflix. Nos anuncian con bombo y platillo que T.J. Watt fue votado para su octavo Pro Bowl seguido. ¡Ocho! Pero seamos sinceros: ¿es por su nivel actual o porque su apellido vende más jerseys que cualquier otro defensivo en la liga? La NFL ya no es un deporte de contacto, es un concurso de popularidad para quedar bien con los patrocinadores y venderle espejitos a los fans. Nos están dando atole con el dedo. El Pro Bowl ya no es fútbol americano; es un torneo de flag football, o ‘tocho bandera’ como le decimos acá, diseñado para que los millonarios no se despeinen. ¿En qué momento permitimos que el deporte más rudo del planeta se convirtiera en este espectáculo de quinta? Es una burla para la historia de la Cortina de Acero y para los que crecimos viendo golpes de verdad.

T.J. Watt y el Culto a la Mercadotecnia

Nadie duda que Watt es un fiera, pero su selección ya parece grabada en piedra por decreto divino. La NFL necesita nombres grandes para que la gente no apague la tele, y Watt es el nombre perfecto. Pero fíjense bien: ¿realmente estamos premiando la excelencia o solo estamos alimentando el algoritmo de las redes sociales? Luego tenemos a Jalen Ramsey, que en este multiverso ahora viste de negro y oro. Ramsey es el clásico ejemplo de un jugador que vive de su fama y de su bocota. Lo seleccionan porque genera clics, no porque esté cerrando las rutas como en sus mejores tiempos. Es puro negocio, señores. La liga está aterrorizada de que el público se dé cuenta de que el nivel está por los suelos. Por eso nos repiten los mismos nombres una y otra vez. ¿Cuándo fue la última vez que un Pro Bowl nos dejó con la boca abierta por una jugada increíble? Nunca. Es un fin de semana de flojera donde lo más emocionante es ver quién trae los tenis más caros. Watt merece estar en un campo de batalla, no en este circo romano de plástico donde lo único que importa es que no se lastimen para que puedan seguir facturando. Es patético ver cómo una franquicia con tanta casta como los Steelers se presta para este jueguito.

El Engaño de las Raíces y los Trofeos de Participación

Y para rematar, nos meten la historia de Skowronek, el orgullo de Fort Wayne. ¡Qué bonita historia para un programa de chismes! Pero, ¿de verdad Skowronek es de lo mejor de la liga? ¡Por favor! Esto es el famoso ‘trofeo de participación’ llevado al extremo profesional. La NFL es experta en colgarse de cualquier historia regional para amarrar mercados. Saben que en Indiana y en las zonas aledañas van a prender la tele solo para ver a su ‘muchacho’. Es una jugada cínica para inflar los ratings de un evento que está muerto y enterrado. ¿Por qué seguimos cayendo en la trampa? Los Steelers solían ser sinónimo de trabajo duro, de sudor y de sangre en el campo. Ahora son la cara de una liga que ya no tiene estándares, solo estados financieros. La ironía es que los fans en México, que somos de los más fieles y apasionados, seguimos comprando la idea de que estas selecciones significan algo. Pero la realidad es que nos están vendiendo humo. El ‘Standard’ de Pittsburgh se ha convertido en simplemente aparecer en la lista de los más populares, sin importar si ganan un juego de playoff o no. Ya basta de celebrar mediocridades disfrazadas de éxito. El Pro Bowl es una cachetada para el aficionado que sabe de fútbol.

La Marca Sobre el Deporte: El Mal de Pittsburgh

Treinta y cuatro veces en las últimas treinta y siete temporadas los Steelers han mandado a varios jugadores. Eso no es una estadística de éxito deportivo, es una estadística de poder de marca. El logo de los Steelers es una máquina de imprimir dinero, y la NFL lo sabe. Podrían poner a un perrito con el número 90 y si muerde a un mariscal de campo en el Monday Night, lo mandan al Pro Bowl con 100 mil votos. La liga es adicta al dinero de la nación acerera. Necesitan que el equipo siga siendo relevante aunque estén estancados en temporadas de 9 victorias que no llevan a ningún lado. No se trata de premiar a los mejores, se trata de mantener el negocio andando. Si no eligieran a jugadores de los Steelers, los ratings de sus ‘Juegos del Pro Bowl’ caerían más rápido que un pase interceptado. Nos tienen secuestrados con nuestra propia nostalgia. Nos hablan de la historia y de las 25 temporadas consecutivas, y esperan que aplaudamos como focas. ¿Pero dónde están los campeonatos? ¿Dónde quedó ese miedo que los Acereros le metían a toda la liga? Se fue. Fue reemplazado por un viaje todo pagado a una playa para jugar a las trais. Los jugadores lo saben, los coaches lo saben, y en el fondo, nosotros también, pero nos da miedo admitir que nos están viendo la cara de tontos. Estamos viendo la muerte lenta de un deporte que olvidó por qué era el rey. Y no fue por los comerciales, fue por la garra. Y eso no existe en el Pro Bowl.

El Futuro de un Espectáculo Vacío

¿Qué sigue después de esto? Al rato el Pro Bowl va a ser una experiencia de realidad virtual donde vas a pagar 50 dólares para saludar a un holograma de Jalen Ramsey mientras él te ignora. La liga se está alejando de la confrontación física para ser más ‘amigable’ con los anunciantes. Quieren las luces pero no los golpes, las estrellas pero no las cicatrices. La octava selección de T.J. Watt será seguida por una novena y una décima, no importa si es el mejor o si solo es el más conocido. Lo que pasó el martes en la mañana no fue ‘noticia’, fue un comunicado de prensa para un evento de marketing. Si quieres ver fútbol de verdad, vete a ver una liga local un domingo por la mañana donde los chavos todavía juegan por el orgullo. No busques en el Pro Bowl de la NFL nada que se parezca a la verdad. Todo es pura pantalla, una distracción brillante para que no te des cuenta de que el deporte que amabas lo están deshaciendo pedazo a pedazo unos señores de traje que nunca se han puesto un casco. Los Steelers participan porque tienen que, porque el contrato lo dice y porque hay que alimentar a la bestia publicitaria. Pero no me digas que es un ‘honor’. Es una chamba. Es una obligación corporativa. Es la muerte del guerrero para darle paso al influencer. Y si tú estás de acuerdo con eso, eres parte del problema. ¿Por qué aguantamos esto? ¿Por qué les seguimos dando nuestro tiempo y lana cuando no nos dan más que premios huecos y tocho bandera? La respuesta es fácil: nos da miedo dejarlo ir. Pero a lo mejor ya es hora de que lo hagamos.

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