Bills se Acobardan y Dejan a Estrellas en la Banca

Bills se Acobardan y Dejan a Estrellas en la Banca

Bills se Acobardan y Dejan a Estrellas en la Banca

El Fraude de la Semana 18

Es una auténtica vacilada lo que están haciendo los Buffalo Bills al dejar fuera a sus estrellas como Dion Dawkins y Jordan Poyer para el cierre contra los Jets porque, la neta, nos están vendiendo espejitos y nos dicen que es oro puro mientras se ríen de nosotros en nuestra cara. Qué gacho. Uno se levanta temprano, prepara la carnita asada, se gasta la lana en el Game Pass o en la tele por cable, y estos divos deciden que hoy es día de campo. No se vale. Es una falta de respeto total para la afición mexicana que sigue a la NFL con más pasión que los mismos gringos. Los Bills están aplicando la de ‘jugarle al vivo’ y se están guardando todo para unos playoffs donde, seamos sinceros, siempre acaban cruzazuleándola de la manera más trágica posible. Cobardes. No hay otra palabra para describir a una organización que prefiere evitar un raspón que honrar la integridad de la liga. El futbol americano se trataba de romperse la madre en el emparrillado, pero ahora parece que estamos viendo un congreso de actuarios preocupados por las pólizas de seguro de sus empleados más caros. Es una burla. El reporte de inactivos parece lista de mandado de una señora rica en Polanco: que si el tacle izquierdo tiene flojera, que si el safety quiere cuidar su peinado, que si el defensivo estrella prefiere ver el juego desde la banca con su chocolatito caliente. Chale. Así no se puede.

La Suavidad de la Época Moderna

Dion Dawkins y Jordan Poyer se la van a pasar bomba descansando mientras los suplentes, esos pobres cuates que no conocen ni en su casa, salen a que los muelan a palos los Jets. Qué mala onda. Si yo fuera de los Jets, me sentiría insultado, pero como son los Jets, seguro hasta les dan las gracias por no jugar en serio. La NFL se ha vuelto una liga de cristal donde cualquier pretexto es bueno para no trabajar. En los tiempos de Jim Kelly, eso no pasaba. Aquellos hombres eran de acero, no como estos fresas que necesitan que los envuelvan en plástico de burbujas antes de cada partido. El dato que mencionan de Joey Bosa es de risa loca porque ese vate juega en los Chargers, pero así de perdido está el mundo que ya ni sabemos quién juega dónde con tanto cambio y tanta flojera. Es una simulación. Nos están cobrando entradas de lujo por un espectáculo de segunda. Es como si vas a ver a Luis Miguel y te sale un imitador de la Condesa porque ‘El Sol’ tiene que cuidar la garganta para el próximo año. ¡No manguen! La gente paga por ver a los mejores, no para ver cómo los coaches se hacen los interesantes con sus listas de inactivos que parecen más bien excusas de primaria para no ir a la escuela. El futbol se está muriendo por culpa de los números y las estadísticas que dicen que el descanso es mejor que el ritmo. Mentira. El ritmo se gana jugando, no sentadote en la banca viendo cómo los demás se parten el lomo.

El Fantasma de la Gloria Pasada

Si los Bills de los noventas vieran esto, se volverían a morir de la pura vergüenza. Aquel equipo que llegó a cuatro Super Bowls seguidos —y los perdió todos, pero ese no es el punto— tenía garra y no andaba con estas payasadas de andar descansando gente. Hoy todo es mercadotecnia. Los Bills ruling out a Terrel Bernard o a Brandin Cooks (que ni está ahí, pero qué más da) es solo una muestra de que el deporte ya es lo de menos. Lo que importa es el negocio. Los Jets también traen su propio relajo con siete inactivos porque su temporada se fue al caño desde que Aaron Rodgers se rompió en la primera serie del año. Desde entonces, son un equipo zombi que solo deambula por el campo esperando que se acabe el martirio. Es una tristeza ver en lo que se ha convertido esta rivalidad. Highmark Stadium va a estar lleno de valientes aguantando el frío de Buffalo, y lo que van a recibir a cambio es un entrenamiento pagado. La NFL debería de regresarles el dinero de los boletos cada que decidan sentar a un titular sano por puro ‘descanso’. El descanso es para los flojos. Los domingos son para la guerra. Pero no, aquí tenemos a Dawkins en chamarra y a Poyer con gorrito viendo una tablet como si estuviera checando su Instagram en lugar de estar ajustando la defensa. Es una cáscara cara. Muy cara. La lógica es que así llegan frescos a los playoffs, pero luego llegan todos oxidados y pierden contra un equipo que sí tuvo que pelear hasta el final. Se los firmo de una vez: Buffalo va a pagar caro este exceso de confianza.

Predicciones de un Desastre Anunciado

Esta estrategia de ‘ir a lo seguro’ es el primer paso para el fracaso rotundo porque crea una cultura de pretextos y flojera. Si los Bills pierden en la primera ronda, van a decir que les faltó ritmo. Si ganan, los analistas van a decir que son unos genios. Es puro humo. La realidad es que la NFL tiene miedo. Agregaron un juego más a la temporada por puro dinero y ahora lloran porque los jugadores están cansados. Avaricia. Todo se reduce a los dólares. No puedes pedir más partidos y luego quejarte de que necesitan vacaciones. Es como si vas a una taquería, pides una orden de diez y el taquero te da cinco porque ‘ya se cansó de picar la carne’. Pues no me cobres los diez, compadre. Ese es el mensaje que los Bills le están mandando a su gente hoy. Y los Jets son los cómplices perfectos. Ya tiraron la toalla hace meses. Este juego es un trámite burocrático para que las aplicaciones de apuestas sigan facturando con la desesperación de la gente. El deporte es lo de menos. La competencia es un mito. Lo único real es el frío y el vacío que deja ver un partido que no significa nada porque los protagonistas decidieron no presentarse. Ojalá caiga una tormenta de nieve tan perra que no puedan ni salir del estadio. Eso sería justicia divina. Pero en la NFL no hay justicia, solo hay billetes. Y mientras nosotros sigamos consumiendo este producto rebajado, ellos van a seguir sentando a sus estrellas. El alma del juego se quedó en la lista de inactivos y nadie parece darse cuenta del tamaño de la tragedia. Qué gacho es el negocio cuando se traga a la pasión.

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