Caída del Rial Iraní Provoca Estallido Social Total

Caída del Rial Iraní Provoca Estallido Social Total

Caída del Rial Iraní Provoca Estallido Social Total

El Rial se Va al Caño y el Régimen se Tiembla

La neta, lo que está pasando en Irán es el reflejo de lo que pasa cuando dejas que la política se coma a la economía hasta que no queda nada. El rial iraní ya no es moneda, es una broma pesada que nadie quiere contar. Este lunes, la moneda tocó fondo y se hundió a un nivel récord frente al dólar, lo que desató una bronca en las calles que no se veía en años. ¿Y qué hicieron? Lo de siempre: sacrificar al de la lana. El jefe del Banco Central pintó su raya y renunció porque sabe que ese barco ya se está hundiendo y no hay suficientes cubetas para sacar el agua. Es puro teatro. Renunciar es la salida fácil cuando ya no tienes cómo explicarle a la gente que sus ahorros ahora valen lo que un chicle masticado. Imagínate que vas al súper y lo que ayer te costaba diez pesos hoy te cuesta cien. Así está la movida allá. La gente salió a las calles no por gusto, sino porque ya les llegó el agua al cuello. Es la lógica más simple del mundo: si no hay comida, hay gritos. Si no hay futuro, hay piedras. El desplome de la moneda es el síntoma de una enfermedad que ya tiene metástasis en todo el sistema iraní. No es solo un tema de gráficas y números rojos; es el hambre de millones que ven cómo su esfuerzo se evapora mientras los de arriba siguen en su burbuja.

¿A poco creen que cambiando al director del banco se va a arreglar el relajo? Por favor. Eso es querer tapar el sol con un dedo. El problema en Irán es que el gobierno prefiere gastar en rollos ideológicos y guerras ajenas que en asegurar que el pueblo pueda comprar un kilo de tortillas, o bueno, de pan plano en su caso. La gente ya se dio cuenta de que el discurso oficial es pura paja. El contraste es brutal: por un lado, los medios del estado tratan de calmar las aguas, y por otro, la realidad de los mercados callejeros te dice que el rial está muerto y enterrado. Es una crisis de confianza que no se cura con un discurso. En México sabemos bien lo que son las devaluaciones, nos acordamos del error de diciembre y de cómo se siente que te arrebaten el patrimonio de la noche a la mañana. Pero lo de Irán es otro nivel de desesperación porque no tienen válvulas de escape. Están bloqueados por fuera y podridos por dentro. La lógica del deconstructor nos dice que cuando el dinero muere, la autoridad lo sigue de cerca. ¿Cuánto tiempo puede durar un gobierno que no puede ni imprimir un billete que la gente quiera aceptar? La respuesta es: no mucho, a menos que usen la fuerza bruta, que es lo que seguramente viene después.

Pezeshkian y su Cuento de las ‘Demandas Legítimas’

Ahora sale el presidente Masoud Pezeshkian con que hay que escuchar las ‘demandas legítimas’ de los manifestantes. ¡Vaya novedad! Eso es como si te asaltan y el policía te dice que entiende perfectamente tu frustración pero que no va a perseguir al ladrón. Es puro atole con el dedo. Pezeshkian está tratando de verse como el comprensivo, el que sí escucha, pero la neta es que no tiene margen de maniobra. Está atrapado entre un sistema que no quiere cambiar y una calle que ya no aguanta más. Prometió proteger el poder adquisitivo de los iraníes, pero ¿con qué? ¿Con qué lana si el rial está por los suelos? Es una contradicción total. Por un lado les dice que los entiende y por otro tiene a la policía lista para repartir leña si se acercan demasiado a los edificios de gobierno. Esa es la doble cara del poder en Irán. Es un juego de espejos donde intentan que la gente crea que hay un cambio en el aire, pero el aire lo único que trae es olor a llanta quemada. ¿Realmente creen que con palabras van a bajar el precio del dólar? El mercado no tiene sentimientos y no escucha discursos presidenciales. El mercado solo entiende de realidades, y la realidad iraní es que el país está en la lona económica.

La jugada de Pezeshkian es vieja. Trata de separar a los manifestantes ‘razonables’ de los ‘alborotadores’ para romper el movimiento desde adentro. Dice que las demandas son legítimas para que la gente sienta que ganó algo, pero en la práctica no cambia nada. El contraste aquí es entre la retórica de la ‘protección’ y la realidad de la represión. Mientras él habla bonito en la tele, el Banco Central es un caos y la inflación sigue subiendo como espuma de michelada. Es un descaro. Lo que el pueblo iraní está pidiendo no es que los ‘escuchen’, sino que los dejen vivir con dignidad. Quieren una economía que funcione, no un sermón sobre la resistencia. Pero en un país donde la economía está encadenada a la política exterior más rígida del planeta, eso es imposible. Pezeshkian está vendiendo una fantasía de reforma dentro de una estructura que está diseñada para no reformarse nunca. Es el choque de dos mundos: la lógica de la supervivencia ciudadana contra la lógica de la supervivencia de un régimen teocrático. Y en ese choque, el que siempre sale perdiendo es el ciudadano de a pie que solo quiere que su sueldo le alcance para la semana.

El Efecto Dominó: ¿Se Viene el Colapso Final?

Si esto sigue así, el rial no va a ser el único que caiga. Lo que estamos viendo es el preámbulo de algo mucho más gordo. Cuando la moneda de un país se vuelve basura, el contrato social se rompe por completo. ¿Por qué le harías caso a un gobierno que destruyó tu capacidad de alimentar a tus hijos? No tiene lógica. Las protestas de ahora son el eco de las de 2019 y 2022, pero con un ingrediente extra: la fatiga absoluta. La gente ya está harta de las promesas. El hecho de que el jefe del Banco Central haya tirado la toalla es la señal más clara de que por dentro saben que no hay salida fácil. Es como si el capitán del barco es el primero en saltar al bote salvavidas. Eso le dice a todo el mundo que el naufragio es inevitable. Y ojo, que esto no solo afecta a Irán. En toda la región están viendo con nerviosismo cómo se desmorona la economía persa. Un Irán inestable es un peligro para todos, porque cuando los gobiernos se sienten acorralados, suelen buscar broncas afuera para que la gente se olvide de los problemas de adentro. Es el manual básico del dictador en aprietos.

Para nosotros en México y Latinoamérica, esto nos suena familiar, pero con un tinte mucho más oscuro. Aquí sabemos de crisis, pero allá la crisis viene con una falta total de libertades. El contraste entre la riqueza de los recursos naturales de Irán y la miseria de su moneda es criminal. Tienen petróleo para aventar para arriba, pero su gente está haciendo fila por lo básico. Eso solo se explica por una gestión que es un fracaso total desde cualquier punto de vista lógico. ¿Qué sigue? Pues más de lo mismo: más devaluación, más protestas y, tristemente, más represión. Pezeshkian puede decir misa, pero mientras el rial siga valiendo menos que un suspiro, la calle va a seguir caliente. La lógica nos dice que un sistema que no puede proveer lo mínimo indispensable para la vida diaria de sus ciudadanos está condenado a desaparecer. La pregunta no es si va a tronar, sino qué tan fuerte va a ser el estallido cuando el último rial pierda su valor. Por lo pronto, el mensaje de las calles de Teherán es claro: ya no hay vuelta atrás. El dinero murió, y con él, se está llevando lo poco que quedaba de paciencia en el pueblo iraní.

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