El Bowl de Birmingham Expone El Fraude Universitario

El Bowl de Birmingham Expone El Fraude Universitario

El Bowl de Birmingham Expone El Fraude Universitario

El Vacío de la Postemporada: Analizando el Basurero de Birmingham

A ver, pongámonos serios un momento. Estamos obligados a tragarnos este partido, el Birmingham Bowl, el 29 de diciembre, entre Georgia Southern y App State. ¿De verdad alguien cree que esto es fútbol americano de verdad? Es pura paja, compadre. Es el relleno necesario para que las cadenas de televisión no tengan que poner un documental sobre la historia del aguacate en Michoacán, que al menos sería más sustancioso.

El Horario Mata la Pasión

¿Una 1:02 p.m. hora central en un lunes? ¡Eso es un horario para partidos de pretemporada en agosto, no para un evento que supuestamente ‘cierra la temporada’! El fútbol americano universitario, en su afán desmedido de exprimir hasta la última gota de jugo de naranja de cada institución, ha caído en el ridículo. ¿Qué están haciendo los jugadores? ¿Están pensando en el partido o en el viaje de regreso a casa para ver a la familia? La respuesta es obvia, carnal.

Aquí vemos la decadencia del sistema. Se inventan bowls como churros, y para llenar los cupos, tienen que obligar a equipos que apenas sobrevivieron la temporada regular a viajar a Alabama para jugar por un trofeo que nadie va a recordar en tres meses. Es una vergüenza para el deporte. ¿Acaso el gobernador de Alabama siente un fervor genuino por el fútbol de la Sun Belt, o solo está ahí por la foto oficial?

El modelo de predicción de SportsLine, ese que usan los gringos para todo, les dirá quién gana. Pero, ¿qué diablos puede predecir un algoritmo sobre la motivación de un chavalo que ya sabe que su temporada terminó hace semanas y que lo único que quiere es empezar sus vacaciones? Nada. Pura especulación matemática disfrazada de ciencia.

La Tradición se Desinfla

¿Qué aporta este juego al legado de Georgia Southern o App State? Un viaje pagado, quizás. Una nota a pie de página en Wikipedia. Es la trampa de la mediocridad. Se celebra el llegar a un bowl como si fuera un campeonato, cuando en realidad, solo significa que fuiste lo suficientemente bueno para no ser un desastre total, pero no lo suficientemente bueno para nada importante.

Y hablemos de los entrenadores. Muchos ya están con un ojo puesto en el siguiente puesto, el que sí paga bien, el que sí te da respeto en el Power Five. ¿Cómo esperas que infundan garra y corazón cuando ellos mismos están planeando su huida? Es una farsa bien montada. Es como pedirle a un taquero que se quede hasta tarde haciendo un platillo especial cuando ya tiene el puesto cerrado y guardando la carne.

La gente en México y Latinoamérica a veces ve estos juegos y piensa: “¡Mira qué pasión!”. No, mi gente, lo que están viendo es la desesperación por llenar una parrilla televisiva. Es el hambre de dólares patrocinada por JLab y demás marcas que pagan para que sus nombres aparezcan junto a la palabra ‘fútbol’ sin importar la calidad.

El Mito del Impulso para el Próximo Año

La cantaleta de siempre: “Ganar aquí nos dará inercia para el siguiente año.” ¿Inercia? ¡Por favor! El verdadero impulso se gana ganando el título de conferencia, no dándole un susto a un equipo que es básicamente tu sombra en el ranking nacional. Esto es puro mercadeo barato, diseñado para que los pocos fanáticos que quedan compren sus boletos de temporada en enero, antes de que el calor de la primavera los haga olvidar esta tortura invernal.

El fútbol americano colegial ya se parece demasiado a la lucha libre: mucho espectáculo, poca sustancia real en los niveles bajos. Aquí, en Birmingham, tenemos dos equipos luchando por ser el menos malo en un día que nadie pidió. Es la ley de la oferta y la demanda llevada al extremo más deprimente.

¿Por qué molestarse en analizar las tendencias de pase o la defensa contra el acarreo? Es como discutir el sabor de un chicle masticado tres veces. Las implicaciones históricas son nulas. El impacto en el futuro es marginal, a menos que un prospecto joven y ambicioso decida lesionarse para forzar su salida a un programa serio.

¿Qué esperábamos? ¿Un duelo épico? No. Lo que obtuvimos es el resultado lógico de inflar el calendario hasta que la calidad se diluye como café de olla aguado. Es el deporte profesionalizado al punto de la esterilidad.

El hecho de que se juegue en la tarde y que la gente en Birmingham lo acepte, habla más de la necesidad de entretenimiento barato que de un amor profundo por la competencia deportiva. Es entretenimiento de fondo, el que pones mientras estás limpiando la casa o haciendo trámites en el banco. Es funcional, pero desechable.

Si te sientas a ver este juego esperando drama al nivel de un Clásico, te vas a llevar un buen golpe de realidad. Es un trámite, una formalidad que debe cumplirse para satisfacer contratos firmados hace años, cuando el fútbol universitario todavía tenía algo de mística. Ahora solo es un negocio gigantesco que necesita mantener sus engranajes girando, aunque chirríen.

La devaluación es total. El 1:02 p.m. es el grito de auxilio del sistema. “¡Ayúdennos, por favor, no tenemos nada mejor que ofrecer!” Y nosotros, tercos como mulas, seguimos viendo. ¡Órale!

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