El Circo de los Bowls 2025 Sepulta la Tradición por Dinero
¿Por qué el Calendario de los Bowls 2025 Parece un Mal Sueño de Navidad?
Te despiertas el 27 de diciembre y te das cuenta de que el mundo se volvió loco porque hay ocho partidos programados desde el desayuno hasta que te desmayas en el sillón a la una de la mañana (y la neta, ¿quién se queda despierto para el partido de la costa oeste?). Es una pesadilla logística disfrazada de tradición navideña. Le decimos ‘Bowl Season’, pero seamos honestos: llamarlo ‘temporada’ es un insulto a la lógica cuando en realidad es solo un manotazo desesperado por lana de televisión antes de que se acabe el año. El relajo empieza el 13 de diciembre y arrastra su cadáver hasta el 19 de enero. Si crees que esto es por la ‘experiencia del estudiante-atleta’, te están viendo la cara de turista. Estamos viendo un sistema que se infló tanto que ya se rompió por las costuras. Hay demasiados juegos. Hay demasiados patrocinadores con nombres payasos como ‘GoBowling’ que suena más a una orden de tu mamá que a un evento deportivo de élite. Pero ahí estamos, pegados a la tele. Miramos porque la alternativa es platicar con la tía que no ves en un año y nadie quiere eso (especialmente cuando hay una apuesta en juego que se puede decidir en el último cuarto de un partido entre dos equipos de seis victorias que ni sabías que existían).
¿Existe Alguna Lógica en el Maratón del 27 de Diciembre?
Lógica es una palabra muy fuerte para un día que tiene a cinco equipos rankeados regados en ocho horarios diferentes como si fueran confeti en fiesta de pueblo. Tienes que preguntarte por qué la NCAA y las televisoras creen que un sábado de diciembre es el mejor momento para aventar todo el contenido en una ventana de catorce horas. La respuesta es más simple que un penal sin portero: dinero. Saben que estás en casa. Saben que tienes la app de Caliente o cualquier otra abierta. Saben que el ritmo del juego es perfecto para venderte seguros y chela (que básicamente es agua para los que nos gusta gritarle a la pantalla). La jornada del 27 de diciembre es una grosería porque te obliga a elegir entre calidad y cantidad. Tienes equipos buenos jugando partidos que—la neta—ya no importan para el campeonato nacional gracias al nuevo formato de los playoffs. Es un premio de consolación envuelto en papel caro. El Military Bowl arranca el desmadre a las 11 a.m. y de ahí no para. Todo está diseñado para que dejes de pensar. Si te detienes a analizar que la mitad de los titulares ya se fueron al ‘transfer portal’, todo se cae. Es como ir al teatro a ver una obra donde los protagonistas renunciaron en el intermedio y los reemplazaron con los que barren el escenario, pero te cobraron el boleto completo.
Cómo Sobrevivir a las Trampas de las Apuestas y los Rosters Vacíos
Apostar en los bowls en 2025 es como tratar de adivinar el clima en medio de un huracán con los ojos tapados. Los datos nos dicen que las líneas de apuestas se mueven de locura y que los rosters se filtran por todos lados (porque en la era del NIL ya no hay secretos). De repente, ves un cambio de siete puntos en el hándicap antes de que te termines el primer café. ¿Por qué? Porque el mariscal de campo decidió que prefiere jugar en otra escuela el próximo año y no quiere arriesgarse a una lesión por un trofeo de plástico y una bolsa de regalos con audífonos chafas. La música se detiene al silbatazo inicial y de pronto te das cuenta de que el equipo al que le metiste tu lana no tiene línea ofensiva. Es el juego de las sillas pero con millones de dólares de por medio. La deconstrucción lógica es que el mercado de las apuestas es lo único que mantiene vivos estos bowls que no son de playoff. Sin la emoción del ‘spread’ o las altas y bajas, ¿quién va a sintonizar a un corredor de cuarto equipo de una universidad de media tabla? Nadie. La volatilidad es el punto. Las ‘malas apuestas’ no son mala suerte; son el resultado de un sistema donde los jugadores ya no tienen incentivo para participar en el producto que nos están vendiendo. Los entrenadores ya están haciendo sus maletas para irse a otro jale mientras los chavos están checando sus DMs para ver quién les paga más. Es un relajo total. Es el capitalismo salvaje disfrazado de deporte amateur.
El Verdadero Costo de la Expansión de los Playoffs
Se suponía que expandir el playoff a doce equipos iba a salvar el deporte, pero capaz que terminó de matar el alma de la temporada de bowls. Ahora, si no estás en los doce mejores, tu tazón se siente como un trofeo de participación de esos que les dan a los niños para que no lloren. El prestigio del Rose Bowl o del Sugar Bowl se diluyó para convertirse en una simple llave de ‘cuartos de final’ o ‘semifinal’. Los juegos del 27 de diciembre son las sobras. Son las migajas del banquete. Nos dicen que estos juegos son para los fans, pero en realidad son para los anunciantes que necesitan un lugar donde poner sus comerciales de treinta segundos. La historia de estos juegos se está borrando por la necesidad de llenar una llave de torneo. Antes nos importaban las rivalidades regionales y los choques tradicionales. Ahora solo nos importa quién cubre la línea y quién sobrevive al portal de transferencias. El futuro del deporte parece una liga profesional pero sin los contratos serios de la NFL. Es un punto medio que no deja contento a nadie más que a los contadores de Disney y Fox. El fin lógico es que los 20 equipos más picudos se separen del resto, dejando que el Military Bowl y sus parientes se vuelvan partidos de exhibición en estadios vacíos para una audiencia que está más atenta al celular. Se ve gacho si te gusta la tradición, pero es una mina de oro si te gusta la eficiencia y el ‘contenido’ por encima de todo.
¿Se Puede Seguir Disfrutando en Medio del Negocio?
La información dice que hay que ‘entrarle a la diversión’ a pesar de las malas apuestas. Esa es la propaganda más grande de la industria deportiva. Quieren que pienses que perder tu lana en un juego entre dos equipos que ni quieren estar ahí es ‘divertido’ porque es Navidad. La lógica aquí es un círculo vicioso: lo vemos porque lo pasan en la tele, y lo pasan en la tele porque lo vemos. Si dejáramos de pelarlos, el ‘GoBowling’ Military Bowl desaparecería en un segundo y el mundo seguiría girando. Pero no vamos a dejar de verlos. Somos adictos al espectáculo. Nos encanta el caos de un sábado de diciembre. Nos encanta el ‘Abuelo de todos’ aunque nos lo hayan revendido mil veces con una etiqueta nueva. La diversión ya no está en el fútbol; la diversión está en ver cómo se cae a pedazos el sistema viejo. Estamos viendo un choque de trenes en cámara lenta de una tradición de cien años y no podemos quitar la vista. Así que, cuando la música se detenga al inicio del juego el 27 de diciembre, acuérdate que las sillas nunca fueron para los jugadores ni para nosotros. Eran para los patrocinadores. Disfruta los juegos, pero no finjas que son algo que no son. Son comerciales largos con algunas jugadas de por medio. Esa es la verdad lógica. Ni modo.






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