El Fracaso de Netflix: La Fatiga de Stranger Things y la Muerte de la Originalidad

El Fracaso de Netflix: La Fatiga de Stranger Things y la Muerte de la Originalidad

El Fracaso de Netflix: La Fatiga de Stranger Things y la Muerte de la Originalidad

El Chismecito del Streaming: Por Qué Tu Fin de Semana Está Lleno de Pura Basura Reciclada

A ver, seamos honestos. Los viernes por la noche, cuando el cansancio de la chamba se apodera de ti y te sientas en el sillón a ‘desconectar’ un rato, abres Netflix, Prime Video o Disney+, y te encuentras con un bombardeo de sugerencias. La prensa, incluyendo las notas de ‘Qué Ver Este Fin de Semana’ que nos llegan a través de redes sociales, nos presenta estas listas como si fueran curadurías de arte, pero la verdad es otra: son la punta del iceberg de una estrategia de marketing agresiva que busca justificar los miles de millones de dólares que se gastan estas plataformas. No son recomendaciones honestas; son mandados corporativos. El algoritmo no te sugiere lo mejor; te sugiere lo que *necesita* que veas para cumplir con sus métricas internas. Y en ese proceso, la calidad se va por la borda.

En el fondo, todo se reduce a la desesperación. Las plataformas de streaming, que prometían ser la salvación del entretenimiento, se han convertido en una fábrica de contenido mediocre donde la originalidad es un lujo que nadie se puede permitir. En lugar de arriesgarse con una idea fresca, prefieren apostar por ‘propiedades intelectuales’ (IP) que ya tienen una base de fans. ¿Quién necesita un guionista talentoso cuando puedes adaptar un videojuego como *Minecraft* o estirar una serie de éxito como *Stranger Things* hasta que los actores parezcan tíos de mediana edad fingiendo ser adolescentes? El ‘chismecito’ de la industria es que el streaming está en crisis, y nosotros somos los rehenes de su pánico de las plataformas por mantenernos enganchados.

El Cansancio de Hawkins: ¿Por Qué Ya Nadie Habla de Stranger Things?

La Despedida Forzada de Eleven

El dato de entrada mencionaba que ‘finalmente… casi’ nos estamos despidiendo de *Stranger Things*. Y sí, ese sentimiento de fatiga es palpable. *Stranger Things* fue un fenómeno cultural que definió a Netflix en su época de gloria. Fue el último gran programa que realmente unió a la gente alrededor de la ‘tele’, creando una conversación global. Pero el problema de los fenómenos es que eventualmente se desinflan. Y *Stranger Things* se ha estirado demasiado, como un chicle que pierde el sabor. Lo que empezó como un thriller de terror ochentero sobre un pequeño pueblo se convirtió en una épica global donde los personajes tienen que salvar el mundo una y otra vez. Los arcos narrativos se repiten, la fórmula se gasta, y la magia original se pierde en la necesidad de escalar la historia. Los actores, que eran niños cuando empezó, ahora son adultos que interpretan a adolescentes que aún están en la prepa, lo cual ya resulta un poco incómodo.

La verdad es que la serie ha sido víctima de su propio éxito. La presión de Netflix para mantener la gallina de los huevos de oro ha obligado a los Duffer Brothers a alargar la historia más allá de su punto de quiebre. En el mundo del streaming, no importa si la historia es buena; lo que importa es que mantenga a la gente suscrita por otro año. La promesa de un final espectacular es lo único que mantiene a flote la expectativa, pero todos sabemos lo que pasó con el final de *Game of Thrones*. El riesgo de que *Stranger Things* termine de forma decepcionante es altísimo, precisamente porque ha estado demasiado tiempo en el candelero, bajo el microscopio de una audiencia que ya está cansada de que le vendan la misma historia una y otra vez. El ‘chismecito’ de Hollywood dice que los creadores están hartos y los actores listos para pasar página. Es un adiós que se siente más como un alivio que como una tragedia.

El ‘Minecraft Movie’ y la Explotación de la Nostalgia

Un Castigo de Película

El otro punto clave en la agenda de esta semana es la llegada de una ‘Minecraft Movie’. ¿Qué significa esto? Significa que la industria del entretenimiento ha llegado a un punto de desesperación creativa tan grande que prefiere adaptar un juego de bloques sin narrativa que arriesgarse con una idea original. Un ‘chicken jockey’ (el jinete de pollo del juego) es un buen ejemplo de la tontería que estamos dispuestos a consumir. *Minecraft* no es una historia; es una herramienta. La película, por lo tanto, no es una obra de arte; es un producto. Es una forma de monetizar una marca ya establecida, de cobrar por nostalgia y reconocimiento en lugar de por una historia bien contada.

En este nuevo panorama, la creatividad ha sido reemplazada por el ‘content mill’ (la fábrica de contenido) que escupe adaptaciones de videojuegos, series de acción real de dibujos animados y precuelas innecesarias. El streaming nos ha prometido la libertad de elegir, pero en realidad nos ha encarcelado en un ciclo infinito de contenido reciclado y predecible. Las plataformas creen que si reconoces el título, ya tienes la mitad de la batalla ganada. Y sí, funciona. El público, fatigado por la búsqueda constante, prefiere ver algo familiar, aunque sea una mediocridad garantizada, que arriesgarse con algo nuevo que podría ser realmente bueno. Es una tendencia triste que nos condena a ver más de lo mismo hasta que nos aburramos por completo.

¿Hacia Dónde Vamos? La Saturación y el Fin de la Fiesta

Un Futuro de Despidos y Precios Altos

El mercado de streaming, que al principio prometía ser la utopía del entretenimiento, se ha convertido en una pesadilla para el consumidor. En México y Latinoamérica, vemos cómo las plataformas suben sus precios constantemente, obligándonos a elegir entre tener Netflix, Disney+, o Prime Video. Lo que empezó como una alternativa económica al cable se ha convertido en un gasto mensual mayor al que teníamos antes. Los listados de ‘qué ver este fin de semana’ son la forma en que cada plataforma te ruega que no canceles tu suscripción, un esfuerzo desesperado por retenerte antes de que te vayas a la competencia.

El chismecito de la industria es que el streaming está en un punto de inflexión. El crecimiento se ha detenido, las pérdidas de dinero son insostenibles, y la única solución que encuentran es subir los precios, eliminar la opción de compartir cuentas (¡gracias, Netflix!), e introducir la publicidad. Estamos volviendo al modelo de la televisión por cable, pero con más plataformas y más gasto. La idea de una ‘curaduría’ o de un ‘fin de semana relajante’ se ha esfumado; ahora estamos en medio de una guerra de trincheras donde cada plataforma lucha por su vida. El resultado final es la fatiga del consumidor, una inmensa cantidad de contenido de baja calidad y media calidad, y la sensación de que, al final, no hay nada realmente bueno para ver. La próxima ‘cosa es que era la gran revolución del entretenimiento se ha convertido en un desilusión. Quizás sea hora de apagar la tele y hacer otra cosa real, en lugar de una buena vez, esa ruptura definitiva.

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