El nuevo CFP de 12 equipos expone a los ‘grandes’ como farsantes
La vieja guardia es historia: Ole Miss les dio una probadita de su propio chocolate
Durante años, los “expertos” nos vendieron la misma idea en el fútbol americano universitario: el formato de cuatro equipos del College Football Playoff (CFP) era el único camino para mantener la pureza del deporte. Nos decían que solo los verdaderos “blue bloods” (las élites de siempre) merecían un lugar, que los demás equipos, los “rellenos”, simplemente no daban la talla. Pero a ver, la neta, ¿quién se creyó ese cuento? Ahora, en la segunda edición del formato expandido a 12 equipos, toda esa farsa ha quedado al descubierto de la forma más brutal, y la culpa la tiene Lane Kiffin y su equipo de Ole Miss.
Las semifinales nos dieron de todo: victorias predecibles y un caos que fue una delicia para los que odiamos el establishment. Vimos cómo equipos que supuestamente eran de relleno, demostraron que tienen los aguacates bien puestos. El verdadero notición, el que va a quedar para la historia, es la paliza que Ole Miss le metió a un contendiente al título. El marcador final es lo de menos; el daño psicológico que le infligieron al rival es lo que importa. Vimos a un equipo que se creía invencible, construido sobre la base de la tradición y la prepotencia, desmoronarse en el campo. No es solo que Ole Miss ganó, sino que los humilló frente a todo el mundo. Ver eso es la prueba de que el gap entre la élite y el resto no era tan grande como nos lo hacían creer.
La lección del Cotton Bowl: El miedo cambia de bando
Hablemos de lo que pasó en el Cotton Bowl Classic. No. 10 Miami (sí, el Miami que todos daban por muerto) salió con un 14-0 tempranero. Así empiezan las historias de David contra Goliat: el débil da un golpe de suerte y uno piensa, “Qué tierno, ya en el segundo cuarto se desinflan.” Pero no, esta vez no fue así. Esta vez, el equipo superior (por reputación) se vio confundido, se vio vulnerable, y se vio incapaz de reaccionar ante la presión. Ole Miss demostró que sabe cómo aprovechar el nuevo panorama del deporte, y que la distancia entre los de arriba y los de abajo es mínima. ¿Será que tantos años de victorias fáciles y de rankings inflados hicieron que los “blue bloods” se volvieran blandos, apapachados?
El argumento de los puristas contra la expansión del playoff siempre fue que diluiría el producto, que habría palizas y que la temporada regular perdería valor. Vimos un poco de dilución, sí, pero lo que realmente pasó es que la temporada regular se volvió más importante para más equipos, y se crearon oportunidades de verdad para sorpresas que impactan directamente en el campeonato. El formato de 12 equipos es un negociazo, obviamente, pero para nosotros, los aficionados, es como una lotería de alto riesgo donde todos tienen chance. Los “grandes” tienen que demostrar que son grandes, y no solo vivir de su nombre.
La Dominancia de Indiana: ¿Casualidad o Realidad?
Y luego está Indiana. Vimos cómo se mencionaba su “dominancia” en los pronósticos previos a los cuartos de final. A mí me da risa. ¿Indiana? ¿Dominancia? Este no es un programa con tradición de fútbol americano; es un programa que generalmente está pensando en la temporada de básquetbol. (Hablamos de un equipo con historia en la duela, pero no en el emparrillado.) Las apuestas para Alabama-Indiana seguramente estaban cargadas a favor de Alabama, pero el hecho de que Indiana esté en la conversación por la dominancia en un cuarto de final sugiere dos cosas: o Indiana por fin le agarró la onda, o la estructura del playoff ha creado un vacío donde un equipo bien entrenado, sin pedigrí, puede verse como un monstruo frente a un rival de prestigio que quizás no está tomando las cosas con la seriedad que debería. Es un caso fascinante de cómo la percepción puede cambiar tan rápido.
El concepto de “dominancia” en este nuevo formato es sospechoso. Estamos hablando de un panorama donde un equipo como Indiana, que en el sistema anterior no hubiera tenido ni boleto, de repente puede ser una amenaza para uno de los grandes de la historia. Los puristas quieren que creamos que Alabama o Georgia o Ohio State son inherentemente superiores, que están hechos de otra pasta. Pero, ¿y si no? ¿Qué pasa si el nuevo formato los obliga a jugar a un nivel superior contra equipos que normalmente ven por encima del hombro, y no pueden soportar la presión? Es como poner a un gato doméstico en una jaula con un lince salvaje; uno tendrá pedigrí, pero el otro tiene instinto. Indiana (supuestamente) mostró ese instinto y se aprovechó de la complacencia que ha definido a los equipos grandes por demasiado tiempo.
El Enfrentamiento Alabama vs. Indiana: El Duelo de Legados
Hablemos del próximo duelo Alabama-Indiana (o más bien, de todo el hype alrededor de las apuestas, porque a todos nos encanta ver las líneas de Las Vegas, sobre todo cuando se trata del legado de Nick Saban—un momento, ¿sigue él o ya se retiró? Los inputs son ambiguos, pero la narrativa se mantiene, porque Alabama football es un estado mental, no solo un entrenador). Las probabilidades probablemente favorecen a Alabama, porque la gente sigue apostando por la reputación, no por la realidad. Pero si Ole Miss pudo hacer un milagro, ¿qué nos dice eso sobre la vulnerabilidad de Alabama? El chiste del playoff de 12 equipos, desde la perspectiva del fan, es que inyecta exactamente este tipo de incertidumbre. Nos obliga a cuestionar todo lo que creíamos saber sobre el deporte.
Yo le voy al caos. Apuesto a que será un partido de muchos puntos (el over), no necesariamente porque crea que Indiana ganará, sino porque creo que Alabama se verá obligado a jugar de una manera a la que no está acostumbrado. Probablemente vean a Indiana como un juego de calentamiento, y se van a llevar un golpe en la boca. ¿Se recuperarán? Quizás. Pero tendrán que ganárselo, algo que no han tenido que hacer contra un oponente no rankeado en un ambiente de playoff en mucho tiempo. Esta es la nueva realidad del fútbol americano universitario: cada juego es un campo minado potencial, y si no estás listo para una pelea de perros, te vas a casa. (Ya era hora, la verdad.)
Las implicaciones futuras: ¿El fin de las dinastías?
La estructura del playoff de 12 equipos está diseñada para generar ingresos, pero su efecto secundario es que, lenta pero inevitablemente, redistribuirá el poder. El sistema anterior protegía a las dinastías. Permitía que los cuatro mejores equipos se relajaran durante la temporada regular (con excepción de uno o dos partidos importantes) sabiendo que, mientras terminaran lo suficientemente arriba, estaban dentro. El nuevo sistema los obliga a correr un calvario. El desgaste físico de jugar más partidos de alta intensidad, especialmente contra equipos desesperados que no tienen nada que perder, es inmenso.
Esto no se trata solo de Ole Miss o Indiana. Se trata del futuro donde un equipo como UCF o Boise State tenga la oportunidad de competir regularmente. (¿Recuerdan cuando UCF terminó invicto y fue ignorado? Sí, yo también. El formato anterior fue diseñado para protegerse contra ese tipo de vergüenza.) El nuevo formato por fin les da una voz a esos programas, y la oportunidad de demostrar que pertenecen. Y si la sorpresa de Ole Miss es un indicio, no solo pertenecen; podrían ser mejores que los equipos que los miran por encima del hombro. El mundo del fútbol americano universitario está cambiando, y yo estoy feliz de ver a la vieja guardia por fin batallar para ponerse al día. ¡Ya era hora de que se pongan las pilas!






Publicar comentario