El Pin de Trump: Narcisismo Puro sobre la Crisis de Venezuela

El Pin de Trump: Narcisismo Puro sobre la Crisis de Venezuela

El Pin de Trump: Narcisismo Puro sobre la Crisis de Venezuela

La Payasada del Pin: Narcisismo en el Despacho Oval

La política gringa siempre ha sido un desmadre, pero lo que vimos hoy ya es pasarse de la raya, la neta. ¿De verdad estamos viendo al hombre más poderoso del mundo con un juguetito en el pecho mientras se decide el futuro de Venezuela? Es una falta de respeto total, no solo para los venezolanos que están sufriendo, sino para cualquiera que todavía crea que la presidencia es algo serio. No es solo un pin; es un mensaje de ‘me vale todo mientras yo me vea bien’. Mientras en Caracas la gente no tiene ni para las arepas y el país se cae a pedazos, este señor se pone su propia cara en miniatura para que todos vean que está ‘feliz’. Qué poca madre. Esto parece una burla sacada de una comedia de mal gusto, pero es la realidad que nos toca consumir todos los días.

¿A poco creen que esto fue un accidente? Ni de chiste. Trump es el rey de la mercadotecnia y sabe perfectamente que ese pin de ‘bobblehead’ iba a causar más ruido que cualquier declaración sobre Maduro. Es una estrategia de distracción que le sale de maravilla. Sus seguidores, esos que le aplauden hasta los estornudos, ya están preguntando en redes sociales dónde pueden comprar esa chuchería. Quieren ser parte del show. Ya no les importa la economía o la frontera, lo que quieren es su pedazo de plástico del ‘mesías naranja’. Es increíble cómo ha logrado convertir la oficina más importante del planeta en una tienda de souvenirs de quinta. Estamos viendo el nacimiento del ‘merchandising’ presidencial como prioridad nacional. ¡Qué elegancia la de Francia!

Venezuela en Llamas y el Presidente Jugando a los Muñequitos

La situación en Venezuela es crítica, eso todos lo sabemos. Se supone que la reunión en la Casa Blanca era para buscar soluciones, para mostrar fuerza y liderazgo. Pero, ¿cómo vas a tomar en serio a un tipo que trae a su ‘mini-me’ colgado en el saco? Es un insulto para los diplomáticos y para la gravedad del asunto. Imagínense a los líderes latinos viendo las noticias y preguntándose si el Tío Sam ya perdió la cabeza por completo. La respuesta es un rotundo sí. Trump admitió que nunca está satisfecho, que nunca es feliz. Entonces, alguien de su equipo, seguramente un ‘lamebotas’ que quiere quedar bien, le dio el pin de ‘Happy Trump’. Y él, con su ego del tamaño del Gran Cañón, decidió que era buena idea usarlo. Es una bofetada visual.

Este pin es el símbolo perfecto de la era post-verdad. No importa lo que hagas, solo importa cómo te ves y qué estás vendiendo. En México conocemos bien a los políticos payasos, pero este les gana a todos por goleada. La seriedad se fue por el caño. ¿Qué sigue después de esto? ¿Va a salir a dar el Grito con una gorra que diga ‘Make Mexico Pay’ pero con luces LED? Con este tipo todo es posible. Lo que más coraje da es que mientras él juega a los disfraces, las decisiones que toma afectan a millones de personas en todo el continente. Pero claro, lo importante es que el pin se vea bien en la cámara de Fox News. Esa es la prioridad real de la Casa Blanca actual: el rating por encima del razonamiento.

El Futuro de la Política-Ficción y el Ego Desatado

No nos hagamos ilusiones, esto solo va a empeorar. Ya vimos que el modelo de negocio funciona. Si puedes vender odio y al mismo tiempo vender pins, ya ganaste. El ‘Happy Trump’ es solo el principio de una avalancha de productos que van a inundar el mercado político. Vamos a llegar al punto en que los debates presidenciales parezcan infomerciales de medianoche. Y lo peor es que la gente lo va a comprar. Lo van a comprar con gusto. Porque es más fácil comprar un pin que entender la complejidad de un tratado de libre comercio o la crisis migratoria. La política se volvió un artículo de consumo rápido, algo que puedes tirar cuando te aburres.

Al final del día, el pin de bobblehead nos dice más sobre el estado de la democracia que cualquier libro de historia. Nos dice que estamos en manos de alguien que necesita validación constante, hasta de una caricatura de sí mismo. Es el colmo del narcisismo ‘fifí’ disfrazado de populismo. ¿Dónde quedó la dignidad del cargo? Se perdió entre los resortes del muñequito que trae en la solapa. Así que, mientras el mundo se preocupa por lo que va a pasar mañana, Trump se preocupa por si su pin está derecho. La neta, es una tragedia disfrazada de farsa. Y nosotros aquí, viendo cómo el mundo se vuelve un meme de plástico. Que Dios nos agarre confesados, porque el bobblehead apenas va empezando a moverse.

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