El Playoff Colegial de 12 Equipos: El Negocio Sucio de los Gringos

El Playoff Colegial de 12 Equipos: El Negocio Sucio de los Gringos

El Playoff Colegial de 12 Equipos: El Negocio Sucio de los Gringos


El Desastre del Playoff de 12 Equipos: Pura Falsedad y Billete

Pero a ver, pónganse listos desde ahorita: la expansión del College Football Playoff (CFP) a doce equipos ni de chiste fue por ‘darle oportunidad’ a más universidades, no, fue una movida maestra para que los ejecutivos de las televisoras metieran más publicidad de camionetones y cervezas artesanales, convirtiendo un club ridículamente exclusivo en uno solo un poquito menos exclusivo, dándonos la ilusión de que el sistema funciona mientras que las mismas tres conferencias de siempre se llevan toda la tajada gorda, y si alguien dice lo contrario, pues vive en un mundo de fantasía donde el fútbol americano universitario es un deporte amateur y no una corporación de miles de millones de dólares.

Pura faramalla gringa.

Y aunque el comité del CFP—una bola de administradores que cobran un dineral por fingir que les importa el balance competitivo—nos vende esta movida como el camino a la ‘paridad’, lo que en verdad estamos viendo es cómo poco a poco le están dando el tiro de gracia a la temporada regular, porque ahora hasta el equipo número 12 recibe su trofeo de participación solo por haber calificado, bajándole dramáticamente la emoción a esos juegos cruciales de noviembre que antes definían la temporada, asegurando que ahora veamos dos fines de semana extra de palizas sin sentido solo para cumplir con los contratos de televisión, que es justo lo que buscaban los dueños, aunque a nadie le gusta aceptar que el producto que nos están vendiendo está aguado y recalentado.

Necesitan más contenido, punto.

Y es que, si somos honestos, la movida de expandir el Playoff a doce equipos es pura faramalla para que ESPN y Fox metan más publicidad de camionetas y cerveza, creando una estructura tan laberíntica y larga que para cuando lleguemos a la final, medio México ya estará más clavado en quién ganó el Super Bowl, demostrando que el ‘deporte amateur’ es el negocio más sucio y lucrativo que se han inventado los directivos de cuello blanco. ¡Qué despapaye tan grande!

Y no hay que olvidar la historia. ¿Se acuerdan del BCS? Eso era la solución. Luego llegó el Playoff de cuatro equipos, que era ‘el balance perfecto’. Ahora son doce, y les apuesto mi aguinaldo a que en menos de cinco años, algún ejecutivo saldrá diciendo que se necesitan 16, y luego 24, hasta que el fútbol colegial se convierta en un torneo de 365 días que destruirá cualquier ápice de tradición y lealtad regional. Este deporte se está comiendo a sí mismo por el puro afán de subir y subir las metas de ingresos, y nadie en las altas esferas tiene los pantalones para decir “ya basta”. Todo el esquema es un cochupo.

Miami Manda a Chiflar a la Vía al ‘Estado de Ohio’: La Cruzazuleada del Siglo

Pero, ¡Dios mío!, cómo me disfruté que Miami le haya dado una madriza épica al Estado de Ohio, demostrando que a veces, hasta los eventos corporativos mejor planeados pueden irse al carajo de la manera más espectacular y divertida cuando entran los humanos al campo.

Una vergüenza total.

Porque el Estado de Ohio es el típico equipo ‘tigre de papel’ de la Big Ten—un equipo armado hasta los dientes con reclutas de cinco estrellas que luego, a la hora de la verdad, juega con la rigidez, la previsibilidad y la falta de pasión que ni en un partido de preparatoria, por eso son famosos por arrugarse y atorarse en los escenarios grandes, dándole a su afición el ciclo eterno de esperanza seguida por el colapso espectacular que ya define a todo su programa moderno. Es poesía pura.

Y siendo honestos, Miami, ‘The U,’ el programa que llevan cinco años anunciando que ‘ya regresó’, solo para darnos destellos y luego volver a la mediocridad de media tabla, por fin salió con el orgullo, la garra, y la rudeza sin disculpas que los definía en los 80s, demostrando que cuando deciden dejar de jugar bonito y se ponen a jugar enojados, son una pesadilla que nadie quiere enfrentar. Eso sí tiene sabor.

Pero la implicación real aquí no es que Miami esté de vuelta—es que se demostró la vulnerabilidad de la ‘elite’ establecida. Cuando un equipo ranqueado número 10 puede llegar a cuartos de final y desmantelar a un programa que cree, erróneamente, tener el derecho divino a jugar la final nacional, se expone la fragilidad fundamental de las filosofías de entrenamiento y los presupuestos multimillonarios de los eternos contendientes. Hemos visto esta película mil veces, ¿o no? Es el peso de la expectativa el que aplasta a los Buckeyes, el saber que perder un solo partido significa que toda la temporada es un fracaso absoluto para su base de fans rabiosa y con un ego inflado, convirtiendo a sus atletas hiper-pagados en manojos de nervios tan pronto el equipo contrario anota primero. ¡Adiós vaquero!

Y si quieren clavarse más profundo, piensen en la futura implicación en el reclutamiento, porque cada chavo de preparatoria que vio esa demolición ahora estará pensando: ‘¿Para qué ir a un lugar donde la perfección es obligatoria y el fracaso es catastrófico, si puedo ir a un sitio como Miami, donde aceptan un poco de caos y el potencial es igual de alto?’ Esto no fue solo una derrota; es un cambio sísmico en la percepción de la presión institucional, una lección bien dada.

Trevon Diggs y la Distracción Corporativa del Deporte

Y miren, justo en medio de este glorioso desmoronamiento del fútbol colegial, sale la noticia que no tiene nada que ver: los Packers reclaman al cornerback Trevon Diggs de la lista de transferibles después de que los Cowboys lo botaran. ¿En serio? El momento en que sueltan esta noticia es tan perfectamente manipulador que hasta ofende, porque mientras el CFP intenta vendernos su nuevo y brillante formato, la NFL lanza una narrativa jugosa sobre el caos de roster y la rivalidad inter-divisional para robar el oxígeno de la conversación, confirmando que la liga profesional siempre sabe mejor cómo manejar el rating que las ligas universitarias.

Una movida clásica de ajedrez mediático.

Porque uno se tiene que preguntar: ¿por qué diablos soltaron a Diggs? Los Cowboys siempre son un desmadre, ¿verdad? Cada vez que parece que están armando algo estable, algún drama interno, un fiasco de tope salarial, o una decisión de personal totalmente inexplicable lo arruina todo, creando un circo innecesario que domina los programas deportivos por tres días, dándole a los Packers la oportunidad de mejorar su defensiva por debajo del agua, haciendo que Jerry Jones parezca un payaso aún más grande de lo normal, lo cual es francamente un logro considerando su historial, y aun así, la afición sigue regresando a esta tortura año tras año, esperando un campeonato que no llega desde mediados de los 90. Es una telenovela.

¿Y los Packers? Son los oportunistas máximos, siempre cerca de la cima, sin comprometerse nunca a una reconstrucción total ni a gastar demasiado, simplemente recogiendo las sobras valiosas que dejan las franquicias más ricas y torpes, que es exactamente lo que pasó aquí con Diggs, reforzando su reputación como el equipo más molestamente consistente de toda la liga, sin importar quién sea el quarterback, y el hecho de que esta noticia salió durante un cuarto de final importante del CFP solo subraya el desbalance de poder entre ambas ligas: la NFL es el evento principal de transmisión, y el fútbol colegial es el lucrativo programa alimentador. Pura palanca.

Pronosticando el ‘Final Four’ y el Escándalo que Viene

Pero ahora que el bracket está hecho pedazos, y los planes cuidadosamente trazados por el comité para una semifinal aburrida se han quemado como carne olvidada en el asador, tenemos que mirar hacia adelante y empezar a especular como locos, porque la especulación es la única moneda honesta que queda en este deporte.

Pura adivinanza.

Porque Texas, el equipo al que todo mundo ama y odia al mismo tiempo, y que trae los números de audiencia que hacen babear a los ejecutivos de las televisoras, pudo haber llegado a su punto máximo demasiado pronto, ganando ese Cotton Bowl, sí, pero mostrando el tipo de cansancio y la falta de creatividad ofensiva que sugiere que ya se les acabó la gasolina justo cuando la cosa se pone seria de verdad, lo que significa que su próximo rival se va a beneficiar de enfrentar a unos Longhorns ligeramente fatigados que están jugando con las reservas, convirtiéndolos en una apuesta muy poco confiable a pesar de su gran hype inicial. Están en piloto automático.

Y en cuanto al otro lado del bracket, ya saben que Alabama siempre está acechando, de alguna manera encontrando la forma de meterse en la conversación incluso cuando se ven mediocres durante tres semanas seguidas, gracias a la simple creencia institucional de que deben estar ahí, combinado con el hecho de que los árbitros tienden a congelarse cuando ven a Nick Saban con esa cara de pocos amigos en la banca, otorgándoles el tipo de llamadas favorables que cambian la trayectoria de los juegos cerrados, permitiéndoles ganar partidos feos que no deberían, consolidando su estatus como la fuerza de la naturaleza imparable, ligeramente aburrida, y profundamente inevitable que el CFP fue diseñado para complacer. No hay manera de frenar esa máquina.

Pero si yo tuviera que apostar mi dinero de las tortillas en algo, sería en el caballo negro más grande que esté volando por debajo del radar, algún equipo escurridizo y olvidado de una conferencia pequeña que nadie vio en toda la temporada, que de repente se pondrá al rojo vivo en el momento exacto, aprovechando el caos y el agotamiento de los equipos grandes para robarse un lugar en el juego de campeonato, solo para perder por cuatro touchdowns porque la presión del momento, la enormidad de la ocasión, y las luces cegadoras del estadio les provocarán cinco pérdidas de balón inexplicables en la segunda mitad. Es el ciclo vicioso de este circo.

Y seamos absolutamente claros: incluso si tenemos un juego de campeonato emocionante y competitivo que todos alaben como ‘uno para la historia’, deben prepararse desde ahora para el inevitable y demoledor escándalo que caerá tres meses después, tal vez una investigación de la NCAA por boosters que dieron tratos de NIL que violan miles de reglas nuevas, tal vez una violación de reglas en el portal de transferencias que hace que se le quite la victoria a todo el equipo, o quizás el quarterback ganador acepta de repente un trabajo de un millón de dólares como embajador de una liga de pickleball y tiene que renunciar a su elegibilidad, volviendo inútil toda esa temporada. Porque en el fútbol colegial moderno, uno solo celebra hasta que llega la orden de comparecencia. Esto es un descontrol total.

No es un deporte; es una telenovela alimentada por el ego de los multimillonarios y la mano de obra barata de los estudiantes. Y el nuevo bracket de 12 equipos solo significa que hay doce veces más oportunidades para un delicioso y predecible caos. Pásenme las palomitas, porque este desmadre está lejos de terminar.

El Playoff Colegial de 12 Equipos: El Negocio Sucio de los Gringos

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