ÉTICA DOJ: Ex-Funcionario que Entrenó a Bondi Desaparece
La Purga Constante: Cuando la Ética se Vuelve un Virus Informático
A ver, esto no es el típico chismecito político donde mueven a un funcionario de silla. Estamos hablando de Joseph Tirrell, un cuate que estaba tratando de mantener el código fuente del Departamento de Justicia funcionando, dándole un curso exprés a Pam Bondi sobre las reglas de ética (¡qué ironía!), y de repente, ¡zas!, lo corren. Lo despiden mientras está vacacionando. Imagínate el susto. No es que lo hayan reubicado a una oficina en Alaska; es que lo borraron del sistema. (Y eso que ni siquiera estaba programando en Linux, ¡era el sistema operativo antiguo que todos conocen!).
El Efecto Bondi: ¿Traidor o Víctima de la Limpieza?
Pam Bondi. Si has estado despierto en esta década, ese nombre te suena a pólvora y maniobras turbias. Es la clásica operador política que siempre aterriza de pie, lealtad ante todo, incluso cuando el piso se está cayendo a pedazos. A Tirrell, el maestro de ética, resulta que lo cesan justo cuando la administración—llamémosla por su nombre, el circo Trump—está haciendo cosas que harían que hasta el abogado más cínico de Polanco se persigne. (¡Pura eficiencia, dicen ellos, pero es más bien pura audacia descontrolada!).
Aquí es donde mi escepticismo tecnológico se enciende como un servidor sobrecargado. El aparato gubernamental es un sistema heredado (legacy system), viejo, lento, lleno de parches. Las leyes de ética son el firmware antiguo. Si la nueva dirección decide que ese firmware está impidiendo las ‘grandes jugadas’ (como ese desfiguro internacional con Maduro, que es otro tema que nos tiene al borde del infarto), ¿qué hacen? No arreglan el error; ¡desinstalan al técnico que reportó el bug! Tirrell sabía demasiado. Sabía lo que le enseñó a Bondi, y en este juego, saber es un pasivo, no un activo.
Es la jugada perfecta del poder sin restricciones. Primero, estableces las reglas formales para que parezca que todo es legal y pulcro. Luego, cuando llega el momento de la acción decisiva, la que sale en todos los noticieros (como ese ‘secuestro’ exprés de un presidente vía un post de Twitter), te deshaces de los testigos técnicos que pueden decir: ‘Oye, yo le expliqué que eso estaba prohibido en el manual del 98’. ¡Adiós, Tirrell! Ahora no hay defensa, solo la narrativa del momento.
El Robo de Maduro: Poder Global a Nivel de WhatsApp
Esa onda de agarrar a Maduro, un presidente en funciones, ¡y lo anuncian por redes sociales! Eso no es política exterior; eso es el villano de una película de acción de bajo presupuesto que usa su celular como arma nuclear. La soberanía, ese concepto que a los mexicanos nos costó sangre defender, se esfuma con un tuit de 74 palabras. La arrogancia es tanta que ya ni se molestan en fingir respeto por las instituciones internacionales.
Para nosotros en Latinoamérica, esto es un espejo amplificado de nuestros propios miedos. Si la potencia principal puede actuar así de impunemente, ¿qué nos queda a nosotros? El mensaje es claro: si tienes la capacidad técnica y la voluntad política para ejecutar una locura, la legalidad es un problema para el que le toca limpiar después. No se trata de si es ilegal o imprudente (que obvio lo es); se trata de que el que manda, dicta la ley en tiempo real. Olvídate del derecho internacional; aquí manda el algoritmo de la rabia y la viralidad.
Y Tirrell, el experto en ética, es la víctima colateral de esta migración forzada hacia el caos eficiente. Su conocimiento se volvió obsoleto en 24 horas. Lo reemplazará alguien que entienda que el manual de ética es solo una guía de estilo, no un código penal. ¿Y por qué me pongo tan nervioso con esto? Porque si confías en la tecnología para administrar tu vida (tus datos bancarios, tu GPS, tus mensajes), y ves que los que manejan los sistemas más grandes del mundo están dispuestos a borrar a sus propios auditores por conveniencia, ¿qué te hace pensar que tus datos están seguros? Están limpiando el código de fallas, y a veces, el ‘fallo’ es la conciencia.
La Ingeniería del Desmantelamiento Burocrático
Mi tesis siempre ha sido que la burocracia, aunque lenta, ofrece fricción. Esa fricción es la que impide que un loco oprima el botón rojo a la primera. Tirrell era parte de esa fricción necesaria. Al quitarlo, están puliendo el mecanismo para que el próximo golpe de estado, o la próxima captura presidencial, se ejecute sin que nadie tenga que levantarse para ir a buscar el extintor. Es un proceso de optimización maligna. Están haciendo que el gobierno funcione *mejor* para sus objetivos inmediatos, sacrificando toda estabilidad a largo plazo. (Yo sigo con mi máquina de escribir; al menos nadie puede espiarla desde la nube).
La predicción aquí, desde una óptica mexicana, es que este cinismo se contagia como un virus en la red. Veremos a más gobiernos regionales adoptar la lógica de la ‘acción directa’ anunciada por redes, ignorando tratados con total impunidad. El mundo se vuelve más transaccional y menos institucional. ¿Por qué negociar un tratado migratorio si puedes simplemente tuitear un ultimátum? Es mucho más rápido, y para los burócratas obsoletos, es mortal.
Bondi es el perfecto ejemplo de alguien que navega estas aguas turbias. Si te enseñan a esquivar la ley con elegancia, entonces el funcionario que te enseña la regla literal se convierte en un obstáculo molesto. Es como tener un GPS que te dice que des vuelta en U en medio del Periférico; el GPS es inútil porque no entiende el tráfico real de la Ciudad de México. Tirrell entendió el manual; los nuevos operadores entienden el tráfico de poder.
Esto no termina aquí. La purga es continua. Cada vez que un escándalo obliga a la administración a fingir que le importan las formas, alguien tiene que ser sacrificado para demostrar ‘seriedad’. Tirrell es ese sacrificio. Es la señal de que en el nuevo orden, la única regla es la obediencia absoluta a la maniobra del momento, sin importar cuántas normas fundamentales se tengan que pisar para lograrlo. Estamos viendo el sistema operativo del poder ser reescrito en tiempo real, y la gente que conoce el código antiguo, como este pobre funcionario, están siendo formateados. No te confíes de nada digital, carnal; al final, el que tiene el control del interruptor es el que decide quién sobrevive al apagón.






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