¡Fuera Amorim! Directiva del United Pierde el Control

¡Fuera Amorim! Directiva del United Pierde el Control

¡Fuera Amorim! Directiva del United Pierde el Control

El Circo del Banquillo del Manchester United Continúa: Amorim, la Víctima Más Reciente

Así que ahí lo tienen, el supuesto salvador portugués, Rubén Amorim, ya tiene boleto de salida de Old Trafford después de apenas 14 meses. ¡Un año y dos meses! Eso apenas da tiempo para memorizar el menú del desayuno del comedor, ni hablar de arreglar esa infraestructura podrida construida sobre años de arrogancia y dueños gringos chuecos. El empate a uno contra el Leeds United—un equipo que probablemente necesitaba ese punto más que el United otro dolor de cabeza gerencial—parece haber sido la gota que derramó el vaso, o más bien, el último guijarro pateado por el pasillo interminable de fracasos gerenciales en ese club. (Es un desastre, carnales, un carnaval absoluto de ineptitud.)

La Audacia de Decir que Eres el Mánager, No Solo el Entrenador

Regresemos a las declaraciones que probablemente aceleraron su despido más rápido que cualquier error táctico: “Soy el mánager del Manchester United, no solo el entrenador”. ¡Ay, Rubén, pobre iluso! ¿De verdad pensaste que llegabas a una superpotencia europea funcional? Entraste a una fortaleza en ruinas custodiada por los espectros de glorias pasadas, supervisada por dueños cuya principal preocupación parece ser asegurarse de que los cheques de dividendos se cobren antes de recordar que, de hecho, son dueños de un equipo de fútbol. Esa declaración no fue signo de liderazgo; fue una admisión pública de que no habías captado la regla fundamental, la no escrita, de la era post-Ferguson: En Old Trafford, nadie es el mánager. Son custodios temporales, niñeras glorificadas esperando esa llamada telefónica inevitable que les diga qué sabor de fracaso caro deben fichar ahora. (Es broma, una broma malísima y carísima jugada a la afición global.)

Cuando Amorim hizo esa bravuconada, esencialmente estaba desafiando a la jerarquía Glazer—o a quien esté moviendo los hilos desde Tampa, Florida, tal vez usando un sombrero de pesca ligeramente manchado—a dejarlo trabajar sin interferencias. ¿Interferencias? ¡Mi buen, la interferencia no es la llamada ocasional; la interferencia es el mismísimo *aire* que respiras en ese club! Es el ADN estructural de una propiedad que valora más el manejo de la marca que la coherencia táctica. Debió haberlo sabido. Pedir autonomía en el United es como pedirle a un político que diga la verdad sin adornos; simplemente no sucede.

La Maldición de los 14 Meses y la Tiranía de las Expectativas

Catorce meses. Ese es el tiempo que tarda en evaporarse el brillo inicial del enamoramiento para enfrentar la cruda realidad de dirigir al United. Miren el desfile de almas en pena que han pasado por esa puerta giratoria: Mourinho, que ganó trofeos y aún así lo echaron; Solskjaer, la leyenda del club que consiguió el trabajo por sentimentalismo y no pudo con la fricción táctica; Rangnick, el supuesto ‘genio del fútbol’ que no supo dirigir a seres humanos reales en lugar de organizar hojas de cálculo. Y ahora Amorim. Se suponía que sería la opción nueva, moderna, trayendo ese ADN tan bonito del Sporting. (Alerta de spoiler: El ADN no sobrevive a la contaminación del aire de Manchester, al parecer.)

¿Qué lo condenó realmente? La necesidad constante de ‘manejar el ruido’. El ciclo mediático en Manchester es brutal, un motor de especulación implacable alimentado por analistas aburridos y periodistas con agenda. Si no estás ganando consistentemente 3-0 contra equipos que el United *debería* ganar, empiezan los murmullos. Luego los murmullos se vuelven gritos, y los gritos se convierten en protestas de aficionados más organizadas que el departamento de reclutamiento real. Aparentemente, Amorim estaba teniendo ‘explosiones’ (outbursts), que traducido del lenguaje burocrático del fútbol significa que finalmente se dio cuenta de que el emperador estaba desnudo y no le daba miedo decirlo a las personas equivocadas en el palco ejecutivo. (Bien por él, pero mal para la seguridad laboral.)

El Efecto Glazer: Inestabilidad Perpetua como Modelo de Negocio

Tenemos que hablar de la propiedad, porque esto no es sobre Amorim; es sobre la falla sistémica que está arriba. Los Glazer han perfeccionado el arte de la extracción. Manejan el club como una corporación profundamente endeudada que necesita cambios constantes de mánager de alto perfil para distraer a los accionistas (o sea, nosotros, los aficionados) del sangrado real del balance y la infraestructura del estadio que se cae a pedazos. Cada vez que un mánager falla, pueden salir con la cantaleta: ‘Estamos invirtiendo mucho, pero claramente el nombramiento anterior no fue el adecuado’. Es una clase magistral de evasión. (Deberían ganar un premio por juegos malabares corporativos, no por trofeos.)

Piensen en lo que esta inestabilidad le hace al fichaje. ¿Qué jugador de élite mira al Manchester United ahora y piensa: ‘Sí, quiero firmar para este drama de cuatro años donde el mánager es despedido a la mitad de mi contrato’? Eso grita riesgo. Eso grita caos. Significa que el United tiene que pagar una prima—una prima salarial masiva e innecesaria—para convencer a cualquiera de ir a jugar bajo un régimen donde la estructura garantiza que serán juzgados por resultados a corto plazo que son fundamentalmente imposibles de lograr sin respaldo estructural.

Mirando al Abismo: ¿Quién Sigue en la Mira?

Este despido no es un final, es apenas el Acto III de esta tragedia gerencial. El enfoque inmediato se desplaza al próximo pobre diablo que heredará este cáliz envenenado. ¿A quién acudirán ahora? ¿Entrarán en pánico y buscarán otro nombre grande, reconocido y un poco mayor que prometa éxito instantáneo (pero probablemente fugaz)? ¿O intentarán aferrarse a ese modelo de ‘director deportivo’ que claramente no ha funcionado desde su concepción? (Mi apuesta es por el pánico. Al United le encanta el pánico; genera titulares.)

El nombramiento inmediato probablemente será otro interino, unas ‘manos seguras’ que mantengan las matemáticas de la pelea europea hasta el verano. Pero ¿la reconstrucción de verano? Ahí es donde comienza el verdadero sainete. ¿De verdad van a contratar a alguien que se alinee con una visión a largo plazo, o dejarán que las mismas voces, los mismos asesores que los llevaron a Amorim, elijan a la próxima víctima? El ciclo dicta que el siguiente mánager heredará una plantilla que es un retazo de filosofías—un jugador fichado por Mourinho, otro por Ole, y algunos restos dejados por Amorim—y se espera que lo fusionen en una máquina ganadora de la noche a la mañana. Es como pedirle a un chef que haga sushi de estrella Michelin usando ingredientes de tres supermercados distintos comprados en tres días diferentes, mientras la plomería está activamente goteando aguas negras sobre el mostrador. ¡Qué oso!

El Vacío Táctico que Deja Atrás

¿Qué se suponía que Amorim debía traer? Estructura. Intensidad en la presión. Una identidad táctica moderna y clara que reflejara a los clubes de élite en Europa. Tenía pedigrí en el Sporting, moldeando talento joven en unidades cohesivas que ejecutaban un plan claro. Pero en el United, se vio obstaculizado por problemas de personal, sí, pero también por la resistencia al cambio arraigada en la estructura de la plantilla existente. No puedes imponer una presión de alta intensidad cuando la mitad de tu mediocampo prefiere caminar admirando el pasto, y la defensa cree que la organización se logra estando cerca del portero. (Se veían perdidos la mayoría de las semanas, para ser honestos.)

Sus ‘explosiones’ no eran solo sobre la jerarquía; probablemente eran sobre la incapacidad de implementar la misma filosofía por la que fue contratado. Cuando un mánager tiene que comprometer constantemente su visión para acomodar a veteranos con bajo rendimiento o fichajes mal emparejados, el resultado es la mediocridad. Y en el United, la mediocridad es un delito que amerita despido más rápido que el fracaso absoluto. El fracaso se espera; la mediocridad es un insulto a la marca.

El Eco Histórico y la Lección no Aprendida

Este despido reafirma una verdad dolorosa para los fieles del United: el club ha olvidado fundamentalmente cómo gestionar el éxito. Creen que el éxito es contratar una figura carismática. El éxito es construir una estructura operativa que permita que el departamento de fútbol funcione sin la interferencia de los contadores de la directiva. Todavía están tratando de replicar la era Sir Alex Ferguson, pero malinterpretan lo que fue esa era. No fue solo un mánager genio; fue una relación simbiótica donde el mánager tenía el control último e incuestionable sobre la esfera futbolística. Los Glazer le ofrecieron a Amorim una correa, y luego ajustaban constantemente su longitud basándose en el precio de las acciones y el estado de ánimo de los analistas de Sky Sports. (Nunca van a aprender, pobrecitos.)

Aquí es donde entra el Analista Provocador: Amorim fue demasiado honesto, demasiado directo para un club ahogado en diplomacia suave y giros de prensa cuidadosamente gestionados. Señaló el cáncer, y el cáncer, siendo autopreservador, hizo que el cuerpo rechazara al cirujano. Es trágico, pero un comportamiento totalmente predecible de una estructura gerencial aterrorizada de la rendición de cuentas. Despidieron al hombre que señaló la fuga en lugar de arreglar la tubería rota. Es farsa pura, jugada en el escenario más grande. ¡Aguanten vara, United! Su futuro se ve tan claro como el agua lodosa del río Irwell.

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