Fuga de Talento en OSU Expone Crisis Estructural

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EL DESMORONAMIENTO DE COLUMBUS: ¿QUÉ PASA CUANDO LAS ESTRELLAS SE FUGAN?

A ver, a ver. ¿Todavía estamos esperando que alguien se sorprenda? Jeremiah Smith se larga del portal, después de que le prometieron gloria eterna en Ohio State. Esto no es solo un ‘tropiezo’ para Ryan Day; es el techo cayéndose a pedazos. ¿Nos vamos a quedar aplaudiendo las estadísticas infladas de la temporada regular mientras los jugadores de cinco estrellas se largan como si estuvieran huyendo de un mal bautizo? ¡Ya basta de tanta fachada!

La Realidad del ‘College Ball’ en la Era de la Deserción

El portal de transferencias no es una brisa, es un huracán que se lleva todo lo que no está bien cimentado. Y miren el caso de Mylan Graham. Dos temporadas, seis recepciones, noventa y tres yardas. ¿Noventa y tres yardas, carajo? ¡Eso es lo que se saca en medio tiempo si sabes jugar! Y el chamaco dice, ‘Ya me cansé de calentar la banca, ¡vámonos!’. ¿De quién es la culpa? ¿Del jugador que busca dónde le van a dar el balón, o del cuerpo técnico que no supo meter esa joya de cinco estrellas en el esquema sin estorbarle a los demás?

En México, entendemos lo que es el ‘quién es quién’ y el ‘apalancamiento’. Y lo que está pasando en Columbus es que el apalancamiento se les está yendo de las manos. Los prospectos de élite ya no se quedan por el amor a la camiseta o por la historia del lugar; se quedan si ven un camino claro, rápido y lucrativo hacia el Draft de la NFL. Si ese camino pasa por otro lado, se van a ir, y punto.

¿Por qué diablos se frustran estos chicos? Porque la promesa de ser ‘el elegido’ se convierte en la realidad de ser ‘uno más’ en un sistema que, francamente, parece tener un techo de cristal muy bajo cuando enfrenta a Michigan. ¡Pierden el partido clave y, ¡zas!, empiezan las bajas! Esto no es mala suerte; es reflejo de una cultura que no soporta la presión.

Es como cuando tienes un equipo de fútbol decente, pero en la liguilla te congelas. ¿A quién corren? ¿Al que no metió el gol, o al técnico que no preparó la tanda de penales? Aquí corren los jugadores estrella, porque saben que el problema estructural está arriba. ¿Sigue siendo Ohio State un trampolín o se está convirtiendo en un hotel de paso para los que no terminaron de cuajar?

La Crisis de Credibilidad ante los Prospectos Futuros

Cada vez que uno de estos ‘cracks’ se da la vuelta y se va, mandas un mensaje devastador a los juniors que están viendo qué universidad les conviene más. El susurro en los vestidores es: ‘Si un cinco estrellas ya se hartó, ¿qué me espera a mí?’. Esto afecta el reclutamiento de una manera que no se ve en las estadísticas, pero se siente en la sala de juntas. Están perdiendo la batalla de la narrativa.

Y no me vengan con el cuento de que es ‘su decisión personal’. ¡Claro que es personal! Personal para su carrera, que están tratando de salvar de un programa que no les está dando los reflectores necesarios. Si Ryan Day no puede retener a su talento de más alto nivel, ¿cómo va a convencer a los nuevos de que él es el mero mole?

Estamos viendo cómo el prestigio se evapora bajo el calor de la competencia directa y la falta de adaptación a las reglas del juego moderno. Esto ya no es como antes, donde el apellido ‘Buckeye’ te abría puertas automáticas. Ahora, tienes que demostrar día a día que mereces ese talento.

Y si ese talento se va después de dos años con números intrascendentes, la duda es: ¿Fueron mal evaluados o mal utilizados? En ambos casos, Day y su staff se llevan la culpa. Es un desperdicio de capital humano de primera, algo que en ligas más serias sería motivo de despido inmediato.

Miren la desesperación con la que ahora tienen que andar buscando ‘parches’ en el portal. No están construyendo; están remendando. Es la táctica del que ya perdió el control del inventario. Necesitan talento probado, pero lo que están obteniendo son jugadores que otros programas ya descartaron o que buscan un último aire. ¿Esa es la visión para un gigante como OSU?

La verdad es que si no resuelven el fondo del asunto—la cultura de desarrollo y la capacidad de ganar cuando el nivel de escrutinio es máximo—seguirán viendo cómo sus inversiones más caras hacen sus maletas. Es una vergüenza ver cómo un programa con tanta historia se convierte en el ejemplo de lo volátil que es el nuevo fútbol universitario. Esto va a seguir, y se va a poner más feo. ¿Están listos para el caos total?

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