La Caída de Cincinnati: Sorsby Abandona el Barco en Liberty Bowl
El Desmoronamiento de un Sueño: De Favorito a Desastre Total
Vayamos directo al grano y dejemos de lado las hipocresías que tanto le encantan a la prensa deportiva. Lo que le pasó a Cincinnati esta temporada no es una simple derrota; es un escándalo, una traición a las expectativas que ellos mismos crearon. Empezaron la temporada 2026 como los favoritos, con un récord de 7-1 que los catapultó al puesto #16 en las encuestas. Eran la Cenicienta del Big 12, el equipo que iba a demostrar que los programas “nuevos” podían competir con la élite. Pero, como suele suceder en el deporte, la arrogancia y la falta de carácter se pagan caro. El equipo se desmoronó por completo, y lo que vimos en la segunda mitad de la temporada fue un colapso psicológico, no solo un mal desempeño en el campo. Cuando un equipo pasa de ser un contendiente de Top 20 a mendigar un puesto en un tazón menor, no es por mala suerte; es por falta de huevos.
El Tazón Liberty, al que han sido relegados para jugar contra Navy, no es un premio; es un castigo, un recordatorio de que no supieron manejar la presión. Es la copa de consolación para un equipo que, francamente, se rindió. La pregunta de fondo no es si tienen la capacidad de ganar, sino si tienen las ganas de siquiera presentarse. El espíritu de un equipo se mide en los momentos difíciles, y Cincinnati falló estrepitosamente en el último tramo. La historia de Brendan Sorsby es el clímax de esta novela de terror. La incertidumbre sobre si va a jugar no es un mero detalle; es el reflejo de una cultura de individualismo que ha reemplazado a la lealtad de equipo. En el fútbol americano universitario moderno, donde el dinero y los contratos del portal de transferencias son lo único que importa, el “espíritu de equipo” es un chiste. Lo que le importa a Sorsby (y a muchos otros) es su bolsillo, no el escudo en su casco.
Brendan Sorsby: ¿Protección o Cobardía? La Verdadera Historia del QB
Aquí está el meollo del asunto, el chisme que la gente quiere escuchar: la situación de Brendan Sorsby. Cuando un mariscal de campo estrella, que ha sido el motor del equipo, empieza a coquetear con la idea de no jugar en un tazón, hay que preguntarse por qué. No es solo que esté lesionado (si ese fuera el caso, ya lo habrían dicho); es que está calculando sus próximos pasos. En la era del NIL (Name, Image, Likeness) y el portal de transferencias, cada partido es un riesgo. Sorsby sabe que si juega, corre el riesgo de lesionarse y perder millones de dólares en futuros contratos o de bajar su valor de mercado si juega mal. Para el jugador, es un cálculo racional de negocios. Para los aficionados y sus compañeros de equipo, se ve como una traición. La neta, es un abandono en el peor momento posible.
Seamos claros: la idea de que los jugadores se salten los tazones para “protegerse” es un síntoma de un problema mucho mayor en el deporte. Los jugadores ya no sienten lealtad hacia la universidad; sienten lealtad hacia sí mismos. Y aunque a nivel personal es comprensible (quién no querría asegurar su futuro), a nivel colectivo es devastador. El equipo se rompe desde dentro. La narrativa oficial será que Sorsby está tomando una decisión inteligente para su carrera, pero la realidad es que está dejando a sus compañeros en la estacada. El Tazón Liberty contra Navy, que de por sí es un juego difícil, se vuelve casi imposible si el líder no está dispuesto a dar la cara. ¿Cómo puedes esperar que el resto de los jugadores peleen por el orgullo del equipo si el capitán no lo hace? Simplemente no se puede funcionar. La moral estará por los suelos, y el resultado del partido será irrelevante; la verdadera derrota ya ocurrió en el vestidor.
La Trampa de Navy: Un Castigo Lento y Doloroso
Y para colmo de males, el rival es Navy. Para un equipo que ha perdido la motivación, enfrentarse a la ofensiva de triple opción de Navy es una tortura china. Es el tipo de juego que requiere una disciplina de hierro y una paciencia que Cincinnati claramente no tiene en este momento. La triple opción no es espectacular, pero es implacable. Te quita el balón, te desgasta poco a poco y te obliga a hacer la jugada perfecta en cada down defensivo. Un equipo desmoralizado, que ya está pensando en sus vacaciones o en su próxima universidad, no tiene ninguna posibilidad contra la disciplina espartana de Navy. Los modelos de predicción, como el de SportsLine, pueden darte estadísticas sobre quién es más probable que gane, pero no pueden medir el factor humano, el hambre de un equipo por demostrar algo. Y Cincinnati no tiene hambre; tiene indigestión por el fracaso.
El Tazón Liberty será la prueba final de si queda algo de honor en este programa. Pero si Sorsby no juega, la narrativa de la temporada estará completa: un equipo que tuvo todo para triunfar y que se desmoronó por la avaricia, la falta de liderazgo y la incapacidad de enfrentar la adversidad. La historia de Cincinnati en 2026 es un cuento de advertencia para todos los programas que creen que el éxito llega solo con el talento y no con el carácter. Este juego contra Navy no es el final de la temporada; es el funeral de un sueño que se convirtió en pesadilla,adilla.






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