La Farsa del Obamacare: 17 Republicanos Traicionan a su Base

La Farsa del Obamacare: 17 Republicanos Traicionan a su Base

La Farsa del Obamacare: 17 Republicanos Traicionan a su Base


El Gran Circo de la Revocación: Una Cronología del Chanchullo

¡Agárrense, raza, porque el chismecito político de Washington está que arde! Si pensaban que los políticos gringos ya no podían caer más bajo en el arte de la traición y la hipocresía, esperen a ver este relajo: diecisiete supuestos ‘defensores del gobierno limitado’ acaban de darle la espalda a su propia gente para salvar los subsidios del Obamacare. Esto no es un simple voto; es el entierro oficial de la promesa más grande que el Partido Republicano ha estado gritando desde hace más de diez años. El sueño de ‘derogar y reemplazar’ acaba de morir en la Cámara de Representantes, y ¿quién lo mató? Sus propios ‘héroes’. ¡Vaya metida de pata monumental!

Fase 1: Las Promesas Vacias y El Rollo de la Indignación (2010-2016)

¿Se acuerdan del escándalo cuando se aprobó el Affordable Care Act (ACA)? Para los Republicanos fue el fin del mundo. Cada discurso, cada evento, cada centavo que pidieron a sus donantes iba acompañado de la misma letanía: Lo vamos a derogar. ¡Lo vamos a destrozar hasta sus cimientos! Se inflaban el pecho diciendo que esta ley era un veneno socialista que hundiría a la nación, y le exigían a sus votantes que les dieran el poder absoluto, prometiendo solemnemente que iban a desmantelar esa ‘monstruosidad’ burocrática.

Fue un teatro político de primer nivel, digno de la mejor telenovela de drama y engaño, una década completa de faramalla donde los malos usaban insignias de elefantes y el público cautivo, la base leal, seguía soltando la lana y acudiendo a las urnas convencidos de que, ahora sí, esta vez, el ejército conservador finalmente ejecutaría el plan de ataque total contra el famoso Obamacare, jurando que se trataba de una ley nefasta que nadie quería.

Pero aquí está la clave del asunto, ¿no? Cuando te la pasas vendiendo puro fanatismo ideológico y prometiendo la destrucción total, inevitablemente te topas con la molesta realidad de que destruir algo tan grande requiere, en serio, un reemplazo funcional que atienda a millones de personas, un detalle que el GOP ignoró sistemáticamente porque, ¡claro!, fabricar indignación vende mucho más y es menos chamba que escribir una ley compleja. ¡Puro cuento!

Fase 2: El Juego Sucio y La Crisis de los Subsidios (El Chantaje de Cobertura)

Llegamos al momento de la verdad, a ese punto de crisis presupuestaria que en D.C. siempre llega justo cuando la gente está planeando las vacaciones, forzando al Congreso a actuar como la bola de inútiles que son, secuestrando la economía entera por peleas ideológicas, lo cual, obvio, es una pésima publicidad para un partido que dice odiar el caos que ellos mismos crean.

El griterío era sobre si cerrar o no el gobierno porque no conseguían lo que querían, pero el verdadero veneno silencioso era la interrupción de esos pagos de subsidios del ACA, los llamados pagos de Reducción de Costo Compartido (CSR). Estos pagos son los que realmente le permiten a la gente de bajos ingresos pagar sus deducibles y co-pagos, haciendo que el sistema, aunque sea a rastras, funcione para las clases menos pudientes, algo que, por supuesto, hace que los conservadores duros se pongan histéricos porque lo ven como un regalo del gobierno.

La interrupción de los subsidios significó consecuencias inmediatas y dolorosas para sus votantes, una crisis completamente autoinfligida, una herida tan estúpida que solo los genios de D.C. podrían lograr. Esto los obligó a asomarse al abismo de sus promesas rotas y darse cuenta de que, a lo mejor, dejar que millones de sus propios constituyentes enfrentaran aumentos catastróficos en las primas no era precisamente la estrategia ganadora para las próximas elecciones. ¿Qué les pasa por la cabeza?

Fase 3: El Voto de la Puñalada y Los 17 Vendidos

Y entonces llegó la votación. La presión era brutal. La elección era sencilla: apegarse al mantra de diez años de ‘¡Muerte al ACA!’ o doblarse como un taquero de fin de semana y restaurar el dinero necesario para evitar el hundimiento total del barco, especialmente porque no han podido ni por equivocación aprobar un plan de reemplazo coherente. Se quedaron en calzones frente a la política real.

Toda la cúpula Republicana, la misma que se ha pasado una década echando espuma por la boca y prometiendo a su base inocente que harían hasta lo imposible por destrozar el Obamacare, decidió de repente, cuando tuvieron que actuar, que ¡ups!, a lo mejor ese dinerito de los subsidios no estaba tan mal después de todo, porque la supervivencia política siempre, siempre, le gana a la ideología en el pantano de Washington, ¿verdad? Son unos auténticos vendidos. ¡Qué descaro!

¡Diecisiete Republicanos! ¡Diecisiete se pasaron al bando Demócrata! Se unieron en un abrazo bipartidista para aprobar una ley que restaura estos subsidios, dándole a los Demócratas una victoria política enorme y dándole a la base Republicana la traición más grande y apestosa desde que un político prometió honestidad, admitiendo de facto que el ACA es, ¡sorpresa!, políticamente indispensable. ¿Son unos ingenuos o solo unos cínicos sin remedio?

La Radiografía de los Traidores: ¿Quiénes son esos 17?

Hablemos de esos diecisiete borregos descarriados. No son comunistas infiltrados; son los autoproclamados paladines del gobierno limitado que de repente se dieron un golpe de realidad sobre sus posibilidades de reelección y, quizás, solo quizás, sobre el volumen de dinero oscuro que les estaba susurrando al oído acerca de la estabilidad de los mercados de seguros. A los lobbistas no les pagan para ver el colapso; les pagan para asegurar la previsibilidad y la ganancia, y el caos no deja billetes.

El voto no fue sobre la ideología; fue sobre la estabilización del mercado, que es la palabra clave para decir: ‘hay que asegurarnos de que las aseguradoras no nos demanden y que la gente rica no pierda el acceso a planes predecibles porque el mercado se inundó de gente pobre y enferma.’ Estos 17 Republicanos miraron sus chequeras de campaña, miraron sus encuestas, y decidieron que ser pragmático era mejor que ser ‘puro’, incluso si eso significaba escupir sobre las tumbas de mil discursos de campaña que prometían abolir el ACA. ¿Qué esperaban?

¿Creyeron que podían asfixiar un programa de gobierno por años, ver a millones perder la cobertura, y que sus votantes los aplaudirían por su convicción? ¡Noticia de último minuto! A la gente le gusta tener seguro médico. De verdad, de verdad. Y cuando amenazas con quitárselo —especialmente la parte que lo hace asequible—, se ponen de malas, ¿no creen? Esto no es física cuántica; es política básica de barrio, algo que los supuestos ‘genios’ en el Congreso parecen olvidar cada vez que se acercan a un micrófono. De plano, se les fue el avión.

El Futuro del Partido: El Sueño de Derogación Está Muerto, Muertísimo

Lo que este voto realmente nos dice es que el esfuerzo de ‘Derogar y Reemplazar’ está oficialmente difunto, frío y enterrado bajo el césped del Capitolio, y que la postura oficial Republicana ahora es ‘Quejarse y Fondear’. Aún pueden lloriquear sobre el ACA, pueden seguir metiendo demandas sobre su estructura, y pueden prometer en su próxima literatura de campaña que están buscando un sistema mejor, pero el principio fundamental —la idea de que podían simplemente borrar la ley— se ha esfumado en el aire como una promesa de político en campaña.

Todo este desastre prueba que el GOP sufre de una crisis de identidad masiva, partido entre la pureza extremista prometida por sus activistas más fervientes y la realidad práctica de gobernar una nación compleja donde la gente depende de los servicios gubernamentales, les guste o no la etiqueta de ‘socialista’. Están atrapados entre dos mundos: el mundo ruidoso y enojado de la radio y el mundo frío y duro de las tablas actuariales y los votos presupuestarios. ¿Cuál es el partido de verdad?

Los Demócratas, mientras tanto, se están riendo a carcajadas. ¡Ni siquiera tuvieron que pelear tanto para salvar los subsidios! ¡Los Republicanos se auto-canibalizaron! Es el equivalente político de ver a tu enemigo meterse un autogol justo antes del medio tiempo, dejando a los Demócratas simplemente de brazos cruzados señalando, con mucha razón, que el GOP no solo es incapaz de arreglar el sistema de salud; ni siquiera pueden ponerse de acuerdo sobre si deben mantener las luces encendidas del sistema que ya existe. Esta clase de incompetencia es para morirse de risa, en serio, no tiene madre.

Esta iniciativa puede que esté ‘condenada’ en el Senado, o quizás no se convierta en ley en este preciso instante, pero el daño político es permanente, una cicatriz gigante grabada en el pecho de cada Republicano que votó a favor, mostrando al mundo que, a la hora de los trancazos, están igual de dispuestos a extender el gasto de gobierno masivo que sus supuestos adversarios, siempre y cuando los cheques sean suficientemente gordos y el viento político sople en la dirección correcta. Es una muestra impresionante de cobardía política disfrazada de pragmatismo, que expone todo el movimiento de derogación y reemplazo como nada más que un eslogan de campaña rentable diseñado para sacarles la lana a los donantes por una década, nunca destinado a ser una realidad, y ahora están forzados a lidiar con la sucia realidad de gobernar, que es mucho menos divertida que solo quejarse sin parar.

¿La implicación a largo plazo? El ACA está blindado. Ha pasado el punto de no retorno. Cualquier ‘reforma’ futura tendrá que ser puesta encima de la estructura del ACA, no en su reemplazo, porque el minuto que vuelvan a tocar esos subsidios, el suelo político se los tragará enteros. Estos 17 Republicanos acaban de darle al ACA un contrato de arrendamiento permanente en la vida política, asegurando que, para el futuro previsible, el gobierno federal continuará jugando un papel gigantesco en la estabilización de los mercados de seguros, un cambio asombroso de la posición histórica del partido que los perseguirá por años. Jugaron a las vencidas con la salud y parpadearon. Y feo. ¿Para qué molestarse en pelear si al final te vas a rendir? Te hace preguntar por qué siquiera escuchamos algo de lo que prometen durante la temporada de campañas, dada la facilidad con la que tiran por la borda sus principios centrales en cuanto las cosas se ponen difíciles, demostrando una flexibilidad que raya en la deshonestidad profesional, o quizás solo extrema debilidad ante la presión de los lobbistas que manejan este pueblo.

Todo este lío es un regalo para la oposición, una admisión bipartidista perfectamente envuelta de que el sistema que prometieron desmantelar es en realidad vital, probando sin lugar a dudas que Washington es menos sobre principios y más sobre preservar el status quo, especialmente cuando el status quo involucra mercados multimillonarios y muchos intereses bien financiados protegiendo su territorio. La ironía es más densa que la neblina invernal de D.C., ¿o no? Estos valientes y ‘principistas’ conservadores, salvando justo la legislación que juraron que sería la muerte de Estados Unidos. ¡Ya, por favor!

Así que, el drama continúa, pero la trama ha cambiado drásticamente. La batalla ya no es por la derogación; es por la gestión, y el GOP acaba de perder la primera gran escaramuza en esta nueva guerra, dejando a sus votantes rascándose la cabeza y preguntándose si les estuvieron mintiendo durante una década entera. ¿Y la respuesta, querido lector? Sí. Lo hicieron. Todo es un juego de poder. Ni más, ni menos.

La próxima elección no será sobre arreglar el Obamacare, sino sobre manejar sus costos masivos, una conversación para la cual los Republicanos no estaban preparados en absoluto, prefiriendo la mentira simple y fácil de la abolición sobre la verdad dura y compleja de la reforma. Este voto selló su destino. Ahora son oficialmente los administradores del gobierno que tanto odian. ¡Qué pena ajena!

Pudieron haberse mantenido firmes en sus principios. Pudieron haber mantenido su coherencia ideológica, enfrentado el calor político, y defendido la necesidad de alternativas de libre mercado reales, pero en su lugar eligieron el camino de menor resistencia, un camino pavimentado con dólares federales y los susurros tranquilizadores de los ejecutivos de la industria de seguros que necesitaban desesperadamente que se restauraran esos pagos CSR para sus ganancias, socavando fundamentalmente su credibilidad en cada tema conservador que dicen defender, lo cual es una verdadera tragedia para cualquiera que realmente crea en un gobierno más pequeño.

¿Y qué pasa con esos 17? Se compraron paz temporal, pero agonía política a largo plazo, marcados para siempre como los que se doblaron bajo presión, los que decidieron que la teta del gobierno era demasiado dulce para soltarla, probando de una vez por todas que en el pantano de Washington, el dinero habla más fuerte que cualquier promesa de campaña, y la ideología es solo un disfraz que usas hasta que las cámaras dejan de grabar. ¡Qué escándalo, de verdad! Les encanta el rollo, pero a la hora de la verdad, se echan para atrás.

Toda esta situación es una cátedra de hipocresía política, un testimonio de cuán rápido se evapora el principio cuando lo que está en juego es la lana gorda, y una clara advertencia de que cuando los políticos te prometen la luna, probablemente solo están tratando de robarte la cartera mientras miras hacia arriba. Mantengan los ojos bien abiertos, porque el próximo acto de esta tragedia va a ser aún más embarazoso cuando intenten explicar esta traición en sus distritos. ¡Buena suerte con eso, van a necesitar más que un milagro!

Foto de hudsoncrafted on Pixabay.

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