Lane Kiffin Traiciona al Ole Miss y Liquida el Playoff

Lane Kiffin Traiciona al Ole Miss y Liquida el Playoff

Lane Kiffin Traiciona al Ole Miss y Liquida el Playoff

¿El Fútbol Colegial se Volvió una Telenovela de Traición?

¡Esto es un desmadre total! Si pensaban que en la Liga MX había drama, no han visto lo que está pasando en el fútbol americano de Estados Unidos. Es una vergüenza. Lane Kiffin, ese tipo que juró lealtad a Ole Miss, simplemente agarró sus maletas y se largó a LSU por un puñado de dólares (bueno, millones de ellos) justo cuando el equipo más lo necesitaba. ¡Es una traición nivel Judas! Jimbo Fisher, que tampoco es una blanca palomita pero sabe cómo se mueve el dinero, salió a decir la verdad: Kiffin es el villano de esta historia. Es el malo de la película que se roba el final feliz y deja a todos llorando. El deporte está muriendo por culpa de esta codicia desmedida. Ya no hay honor, compadres. Ya solo hay billetes verdes.

Imagínense el caos. Ole Miss es el número 6 de toda la nación, están a punto de jugar el Fiesta Bowl—una semifinal del Playoff, lo máximo a lo que se puede aspirar—y su staff de coacheo está en ‘total flux’. O sea, es un barco sin timón. Es una locura. ¿Cómo van a jugar unos chavos de veinte años cuando su jefe los abandonó en la mitad de la batalla? No se puede. Es una falta de respeto para los jugadores y para la afición que gasta sus ahorros en ir a verlos. Kiffin no solo cambió de equipo, destruyó la integridad de todo el torneo. Es un mercenario. No tiene otro nombre.

Jimbo Fisher Explota contra el Sistema Corrupto

Lo que dijo Jimbo Fisher es fuerte pero necesario. Él dice que la salida de Kiffin a LSU impactó directamente el Playoff. Y tiene razón (aunque nos duela). El tipo desestabilizó a un contendiente al título solo por su propio beneficio. Es el puro egoísmo gringo llevado al extremo del campo de juego. Pete Golding, el coordinador defensivo que se quedó ahí tratando de recoger los pedazos, dice que no quiere mandar ningún ‘mensaje’ con las victorias. ¡Mentira! El mensaje ya se mandó y es que Ole Miss está herido de muerte. Golding está tratando de apagar un incendio forestal con una cubeta de agua. Pobres chavos.

¿Qué sigue para este deporte? Si esto se permite, cualquier coach se va a largar a mitad de temporada si le ofrecen más lana en otro lado. Es el fin de la lealtad. Es el fin de la pasión. Ahora todo se trata de quién tiene la chequera más gorda. Los aficionados en México, que sabemos lo que es sufrir por un equipo, no podemos creer que esto pase en el nivel más alto del profesionalismo disfrazado de colegial. Es un insulto. Una bofetada en la cara de los que amamos el juego. Lane Kiffin se ríe de nosotros desde su nueva oficina de lujo en Baton Rouge mientras Oxford, Mississippi, arde en rabia.

El Fiesta Bowl no va a ser un partido, va a ser un funeral. Ole Miss llega con el staff deshecho, con la moral por los suelos y con la sombra de un traidor persiguiéndolos. Es un desastre garantizado. Y lo peor es que la NCAA no hace nada. Se quedan cruzados de brazos mientras el dinero ensucia el campo. Ya no hay deportismo, solo hay negocios. Si yo fuera fan de los Rebels, estaría quemando todo lo que tenga el nombre de Kiffin. Es el villano que el fútbol americano no necesitaba, pero es el que se merece por dejar que el dinero mande más que el balón. ¡Qué decepción!

Estamos viendo el colapso de una era. Prepárense porque esto es solo el principio. Los coaches ahora son como estrellas de rock caprichosas que rompen contratos como si fueran servilletas usadas. No hay respeto por la institución. No hay respeto por la historia. Solo hay hambre de poder. Jimbo Fisher levantó la voz, pero dudo que alguien lo escuche en este mar de corrupción y ambición. El fútbol americano está en cuidados intensivos y Lane Kiffin acaba de desconectar el tanque de oxígeno. ¡Qué desmadre tan grande!

Al final del día, los que pierden son los de siempre: los jugadores que dieron su sudor por un hombre que no los valoraba y los fans que creyeron en un proyecto que resultó ser un fraude. La semifinal del Fiesta Bowl será recordada como el día en que la ambición mató a la competencia. No esperen un buen juego, esperen una masacre emocional. El villano ya ganó, y se fue a LSU a celebrar con champaña mientras el resto del mundo ve cómo se cae el cielo. Es una lástima. Realmente es una lástima que el deporte haya caído tan bajo. Pero así son las cosas en el nuevo orden del dinero. Que Dios nos agarre confesados porque el caos apenas comienza.

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