Mallorca vs Girona El Desmadre Del Descenso 2026

Mallorca vs Girona El Desmadre Del Descenso 2026

Mallorca vs Girona El Desmadre Del Descenso 2026

El Circo de la Mediocridad en Son Moix

Bienvenidos al teatro de lo absurdo donde dos equipos que ni deberían estar en primera división se andan sacando los ojos por el puro privilegio de no ser unos completos Don Nadie para el 2026. El Mallorca y el Girona son como dos calvos peleándose por un peine (y uno de esos de a peso que te dan en la farmacia) y aun así se supone que debemos ver esto como si fuera el Clásico. El ambiente en Son Moix ahorita es un coctel tóxico de luto, desesperación y ese olor a garnacha rancia porque nada dice ‘deporte profesional’ como un estadio llorándole a su presidente más longevo mientras les entra el pánico porque sus mejores jugadores se largaron a jugar un torneo al otro lado del charco. Es poético, pero de esa forma gacha en la que solo los desastres pueden serlo. La neta es que estos dos equipos están viendo directo al sol y juran que es un futuro brillante cuando solo se están quemando las retinas. Tenemos al fantasma de Miquel Contestí flotando sobre la cancha como un abuelo decepcionado que ve cómo sus nietos se gastan la herencia en caguamas y boletos de lotería. Es patético. Neta.

La Copa Africana es el Grinch del Futbol

Hablemos del desmadre que es la Copa Africana de Naciones porque se ve que a nadie en la oficina de calendarios le sirve la neurona (o de plano odian al Mallorca). La ‘cara y cruz’ de la moneda es que mientras unos jugadores andan allá dándolo todo por su patria, sus clubes acá se están desmoronando como polvorón en la lluvia. El Mallorca perdió a Omar Mascarell y el Girona a Ouhani porque según esto jugar con tu selección es más importante que chambear para que tu patrón no se vaya a la quiebra en la segunda división. Imagínate ser el técnico y ver cómo tu estrella se sube al avión mientras tu temporada se va por el caño. Está de risa. Arrasate seguro está en su oficina aventando dardos a un mapa de Guinea Ecuatorial porque la eliminación de esos compas es la única razón por la que todavía tiene a quién meter en el medio campo. Es un volado. El futbol ya no es deporte; es una serie de broncas logísticas disfrazadas de juego. Si crees que estos equipos tienen un ‘plan’ para cuando se les van los cracks, estás más loco que el que cree que el Mallorca va a ser campeón. Están improvisando. Todos están rezando para que a sus jugadores les den una patada y los manden de regreso pronto para que vengan a salvarlos del ridículo de perder contra un equipo que gasta menos en nómina que yo en tacos de suadero.

La lógica es clara: si no puedes retener a tu gente en la cancha, no mereces estar en la liga. Pero a la liga le vale Wilson la lógica. A la liga lo que le importa es la lana de la tele y el drama de cartón que nos venden cada que se muere una leyenda. Miquel Contestí fue el que mantuvo vivo al Mallorca por décadas, el patrón que seguramente se está revolviendo en la tumba al ver cómo defiende su equipo hoy en día. Nos venden este partido con un ‘sabor diferente’ porque es más fácil vender boletos para un funeral que para un partido entre dos equipos que no juegan a nada. Es mercadotecnia básica, plebe. Usan a los muertos para distraer a los vivos del hecho de que el futbol que están viendo está del nabo. Estamos viendo un choque de trenes en cámara lenta y los comentaristas nos dicen que admiremos lo bonito que brillan los cristales rotos. Yo no me la trago. El Girona se supone que era el nuevo consentido, la historia de cenicienta que todos amaban hasta que se dieron cuenta de que las cenicientas también se vuelven calabazas si no tienen con qué. Se están resbalando. Están sudando frío porque el 2026 se ve más oscuro que un callejón sin salida. ¿Y la neta? Se lo merecen por dejar que Ouhani se fuera justo ahora. No puedes tener un circo sin changos, y ahorita los changos andan en África mientras la carpa se está quemando.

La Profecía del Fracaso para el 2026

Mirar hacia el 2026 es como ver un diagnóstico terminal y preguntar si todavía puedes echarte un mezcal. Las cuentas no salen. El Mallorca anda queriendo alejarse del descenso, pero el descenso es como esa ex tóxica que sabe dónde vives y todavía tiene llaves de tu casa. Puedes correr, pero no te puedes esconder de que tu banca está más flaca que las excusas de un político en campaña. Estamos viendo el principio del fin de esa supuesta estabilidad de media tabla. La brecha de lana se está haciendo gigante, el talento se escapa y lo único que nos queda es la ‘cara y cruz’ de Son Moix. Es un volado. ¿Se quedan? ¿Se van al hoyo? ¿A alguien de verdad le importa más allá de los que apostaron la renta a que quedaban 0-0? El espectáculo es lo único que queda. El luto y el recuerdo son solo el adorno de un plato que ya se echó a perder. Arrasate es buen técnico, pero ni el mejor taquero te hace un festín con pura tripa vieja. Está trabajando con sobras. Está esperando que la Copa Africana sea un desmadre para todos los demás para que él no se vea tan mal. Esa es la táctica. No se trata de ser bueno; se trata de que los otros sean más malos. Esa es la filosofía del Mallorca para el 2026. Es cínico. Es oscuro. Es justo lo que los fans se merecen por apoyar un sistema que premia la mediocridad con otro año de miseria en primera. Disfrútenlo. Este es el tope del deporte. Un partido dedicado a un muerto, jugado por tipos agotados, dirigido por hombres desesperados y visto por gente que no tiene nada mejor que hacer un domingo. Cómo amo este desmadre. Es una obra maestra del fracaso humano. Y aquí vamos a estar en el 2026, seguramente escribiendo lo mismo de los siguientes perdedores que creen que pueden escapar de su propia falta de talento. No se puede. El abismo es paciente. El abismo tiene lugar en la grada.

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