Mareas Reales Ahogan la Arrogancia de California

Mareas Reales Ahogan la Arrogancia de California

Mareas Reales Ahogan la Arrogancia de California

El Karma de California: Las Mareas Reales y la Dosis de Humildad

No sé si reír o llorar, la verdad. Pero como el llanto no vende, nos vamos por la risa. Hablemos de California y su “bronca” con el agua. Resulta que en el área de la Bahía de San Francisco, el clima se puso intenso. No es la primera vez, pero esta vez fue una combinación particularmente sabrosa: lluvias torrenciales (cortesía de los “ríos atmosféricos,” un término que suena a película de desastre de serie B) y las mentadas “Mareas Reales” (King Tides). Lo chistoso del asunto es el nombre, ¿no? “Marea Real,” como si fuera un evento de la realeza, pero lo que realmente es es una patada en el trasero para la gente que vive en zonas costeras de alta alcurnia. Y miren, no soy meteorólogo, ni geógrafo, ni tengo un doctorado en nada; solo soy un observador cínico que se da cuenta de que la naturaleza tiene una forma muy peculiar de recordarnos que no somos dueños de nada. La Marea Real es un fenómeno astronómico predecible; ocurre cuando la Luna y el Sol se alinean de cierta manera y la marea sube más de lo normal. Sabíamos que venía, lo sabíamos con días de anticipación, pero de todos modos nos sorprendió. ¿Por qué? Porque a los humanos se nos olvida todo lo que no esté pasando justo en frente de nuestras narices. Y el resultado, como bien documentaron los medios, fue un “caos” en lugares como Marin County, una de las zonas más ricas y exclusivas de Estados Unidos. Calles inundadas, negocios bajo el agua, y un montón de gente muy, muy molesta porque sus coches de lujo no son anfibios. Es como ver una comedia de errores donde el chiste es que la gente rica piensa que puede comprarse una casa en el mar y que el mar va a respetar los límites de su propiedad privada. No mames, la naturaleza no tiene códigos postales.

Q&A con el Satírico Joker Mexicano: ¡Aguas, California!

Q1: ¿Qué tan grave es esta inundación en comparación con otros desastres en California?

A ver, seamos honestos: para los estándares de desastres naturales en México o en otras partes de Latinoamérica, lo de California es una llovizna. No hubo el número de muertos que vemos en un huracán en Acapulco o una inundación en Tabasco. El verdadero drama aquí no es la pérdida de vidas humanas, sino la pérdida de la comodidad y la propiedad. Eso es lo que le duele a California. La gravedad de este evento no se mide en metros de agua, sino en el precio de las casas que se inundaron. El problema de fondo es que California es una víctima de su propio éxito (y de su propia arrogancia). Gran parte de la Bahía de San Francisco fue construida sobre humedales recuperados, es decir, le ganaron terreno al mar. Y el mar, señores, tiene memoria. Sabe dónde estaban sus humedales y tarde o temprano, los reclama. Lo de Marin County es particularmente irónico porque es una zona con una mentalidad muy progresista y “verde,” pero a la hora de la verdad, no les gusta que el agua se meta en su jardín. Es la contradicción de la vida moderna: queremos ser ecológicos, pero no queremos que la ecología nos fastidie el estilo de vida. La “Marea Real” combinada con la lluvia es solo un recordatorio de que la madre naturaleza no entiende de fronteras ni de hipotecas. Y a diferencia de las inundaciones en lugares más pobres, donde el impacto es devastador para la economía local y la gente pierde lo poco que tiene, aquí el impacto es más bien un susto para los dueños de propiedades que probablemente tienen un seguro contra inundaciones. La bronca es que el seguro se va a volver impagable. Y eso sí, eso sí les va a doler.

Q2: ¿Es esto un síntoma del cambio climático, o solo mala suerte?

Mira, decir que es “mala suerte” es como decir que el sol sale por “accidente.” El cambio climático no es una conspiración; es un hecho, y se manifiesta de maneras muy claras. Una de ellas es el aumento del nivel del mar. Las Mareas Reales de hoy serán las mareas promedio de mañana. Lo que antes era un evento excepcional, ahora se está volviendo la norma. Y el problema es que la infraestructura de California fue diseñada para el clima del siglo pasado, no para el clima de hoy. Los drenajes están atascados, las barreras de protección costera son insuficientes, y el desarrollo inmobiliario sigue avanzando sin freno. Es como si estuviéramos jugando a la ruleta rusa con balas de verdad. Los científicos lo han dicho una y otra vez: el nivel del mar va a subir, y California es uno de los estados más vulnerables de Estados Unidos. Pero, ¿quién le hace caso a los científicos cuando hay dinero de por medio? Nadie. Seguimos construyendo en zonas de riesgo, seguimos vendiendo la idea de que podemos controlar la naturaleza. Y el resultado es esta comedia de errores. Esta inundación no es un evento aislado; es un patrón. Es la naturaleza pidiendo cuentas, y la factura está llegando a los lugares más caros del país. En lugar de enfrentar la realidad, se van a gastar miles de millones en parches: subir los muros de contención, mejorar las bombas, desviar el agua. Pero en el fondo, todos sabemos que es solo patear el bote. El problema es que el bote se está hundiendo, y lo único que va a salvar a California es un milagro, o una reubicación masiva.

Q3: ¿Cuál es el futuro para la Bahía de San Francisco? ¿Estamos condenados a verla desaparecer bajo el agua?

Condenados no es la palabra, es más como “condenados a pagar un chingo de lana.” El futuro de la Bahía de San Francisco no es un colapso repentino; es una lenta y costosa desaparición. Los científicos predicen que para el año 2100, gran parte del área de la Bahía estará bajo el agua, a menos que se implementen medidas drásticas. Y cuando digo drásticas, me refiero a algo que a nadie le va a gustar: abandonar zonas costeras. La reubicación es la única solución a largo plazo. Pero imagínate el costo político y económico de decirle a la gente: “su casa vale cero porque el mar viene por ella.” Es un escenario de pesadilla. En lugar de eso, California optará por la negación y la construcción. Van a construir muros más altos, van a usar tecnología para bombear agua, van a hacer lo que sea necesario para posponer lo inevitable. Pero la realidad es que el mar es más fuerte que nosotros. No hay muro que aguante. Es cuestión de tiempo antes de que las inundaciones se vuelvan tan frecuentes que vivir en ciertas zonas sea simplemente insostenible. Mientras tanto, nos queda el espectáculo. El show de ver a la gente rica de California lidiando con problemas que la gente pobre de Latinoamérica ha lidiado durante siglos. Es un recordatorio de que la madre naturaleza no discrimina entre ricos y pobres, y que la arrogancia humana siempre tiene un precio. Y ese precio, en el caso de California, es muy alto.

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