Mentira del 64% de Trump Desata Pánico Bursátil
La Farsa del 64%: El Regalo Navideño de Trump a su Propio Ego Inflado
¿Vieron esa locura? El ex mandatario se autoregala un 64 por ciento de aprobación. ¡Un número sacado de la nada, pura magia barata de Las Vegas! Esto no es solo echarle crema a sus propios tacos, carnales; esto es un grito de auxilio psicológico disfrazado de encuesta. ¿A quién le está tratando de convencer, a nosotros o a su propio espejo? Es el colmo de la fantasía, ¿no creen?
El Espejismo de la Popularidad y la Tensión en los Mercados (¡Aguas con la BMV!)
Nos quieren meter en la cabeza que hay un respaldo masivo, mientras la realidad económica aprieta como calcetín mojado. ¿Por qué tanto enfoque en ese número inventado? Porque en el mundo financiero, aunque sea un espejismo, a veces engaña a los inversores ligeros. La mención de que esto podría mover acciones de defensa o de consumo en Estados Unidos es la parte que nos debe quitar el sueño aquí en México. Si los fondos ‘sensibles’ al ruido político en Wall Street creen que este numerito significa ‘estabilidad’ ilusoria, vamos a ver movimientos bursátiles basados en puros cuentos.
Es un truco muy viejo, pero aquí lo están aplicando con una desfachatez increíble. Si la cabeza de un país puede declarar una popularidad falsa sin que le tiemble la voz, ¿qué otras cifras oficiales podemos dar por buenas? ¿Los números de inflación? ¿El crecimiento del PIB? ¡Ya valió gorro la seriedad! Esto amenaza con desestabilizar hasta los mercados emergentes que dependen de la calma gringa.
¿Se acuerdan de ese primer año supuesto de su segundo mandato? Un desastre, dicen. Pues si esta es la vara con la que mide su éxito, prepárense para el pandemonio. El problema es que esta necesidad patológica de inflar su imagen obliga a todo el aparato político a mentir en coro. Es como una bola de nieve de falsedades rodando cuesta abajo.
Las Raíces Históricas de la Autoengaño Político
En América Latina conocemos bien a los líderes que viven de la adulación y la mentira constante, ¿verdad? Pero cuando esa burbuja de ego se conecta directamente a la economía global, el reventón nos pega a todos, incluyendo al peso. La narrativa es clara: el líder no tolera la crítica ni el dato que contradice su grandeza autoimpuesta.
¿Qué pasa cuando las encuestas serias arrojan resultados que desmienten el 64%? La respuesta esperada es más ruido, más ataque a los medios. Pero el desgaste moral es tremendo. Se pierde tiempo valiosísimo discutiendo si la luna es de queso o no, en lugar de arreglar problemas reales como la migración o las cadenas de suministro que nos tienen comiendo chayotes.
¿Por qué esta necesidad urgente de exagerar ahora? Porque la realidad debajo de esa capa de brillantez inventada está picando fuerte. La gente de a pie ve cómo sube el precio del huevo y la gasolina, y luego le dicen que el líder tiene 64% de apoyo. Es un choque tan brutal que la gente se empieza a preguntar si no es más fácil simplemente dejarse llevar por la corriente de la mentira para no tener que pelear tanto.
El Efecto Dominó en la Confianza y el Peso
La Bolsa Mexicana de Valores (BMV) siempre está al tiro con lo que haga Trump. Si Wall Street se vuelve loco comprando acciones por culpa de un sondeo falso, el efecto ‘derrame’ nos llega directo a la bolsa local. Nos encanta voltear a ver a Estados Unidos para saber si podemos respirar tranquilos, y si allá están invirtiendo en base a espejismos, pues nos van a arrastrar a la inestabilidad.
Imaginen al inversionista serio, al que estudia los balances, viendo cómo su estrategia se cae porque un político decidió auto-otorgarse un porcentaje inflado. Es una burla a la disciplina financiera. El riesgo se vuelve incalculable porque la variable más importante—la cordura del líder—está completamente fuera de control. ¿Acaso no estamos hartos de esa incertidumbre constante que viene de allá?
La corrupción de los datos es la forma más peligrosa de corrupción política. Si el líder puede cambiar la verdad sobre su popularidad, mañana puede cambiar la verdad sobre cualquier tratado comercial o acuerdo de inversión. Estamos en modo de alerta roja, amigos. Este tipo de juegos mentales terminan en crisis, no en prosperidad.
¿Y qué me dicen de la cultura? Cuando el público empieza a normalizar que las cifras clave son manipulables, se empieza a normalizar la mediocridad en la gestión pública. Se premia al más gritón, no al más capaz. Es un caldo de cultivo perfecto para la ineficiencia crónica. ¿Vamos a permitir que la política se convierta en el circo más caro del mundo, donde todos pagamos el boleto pero solo el payaso principal se ríe?
Esta necesidad de autoalabanza desmedida es una señal inequívoca de que lo que está debajo no sostiene el peso de la verdad. El regalo de Navidad es una bomba de tiempo envuelta en papel aluminio brillante. Hay que prepararse para el rebote, porque la realidad, tarde o temprano, siempre cobra la factura. ¿No sería mejor exigirle hechos en lugar de estadísticas de fantasía?





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