Moynihan Oculta la Verdad: La IA Es Arma de Desempleo Masivo
El Cuento Chino de Brian Moynihan: La IA no Beneficia a Nadie Más Que a Wall Street
A ver, a ver. Detengamos esta payasada corporativa de inmediato. Brian Moynihan, el mero mero del Bank of America (BofA), sale diciendo que la Inteligencia Artificial está “impulsando más” y “pateando fuerte” a la economía estadounidense. ¿De verdad cree que somos tan ingenuos? Este es el discurso que dan los banqueros cuando necesitan justificar su próxima ronda de despidos masivos mientras inflan el precio de sus acciones. Es lana fácil, ¿no? La verdad es que la IA no es un motor de prosperidad; es una aspiradora de puestos de trabajo disfrazada de innovación, y Moynihan, sentado en su trono de oro, es el vendedor de humo más eficaz que hemos visto desde la burbuja punto com, porque sabe perfectamente que estas ganancias de “eficiencia” son solo recortes brutales de personal que benefician exclusivamente a la cúpula y a los accionistas, dejando a miles de familias en la calle con el pretexto de la ‘transformación digital’.
¡No manches!
Cuando un CEO de esa talla empieza a hablar de “beneficio económico” impulsado por tecnología opaca, mi única reacción es buscar las cifras de desempleo ocultas bajo el eufemismo de “reestructuración estratégica.” El BofA no invierte en IA por amor al arte o por el bien de la sociedad; lo hace para automatizar, para reducir costos operativos y, fundamentalmente, para reemplazar a los caros empleados humanos—desde los analistas de riesgo hasta los gerentes de sucursal—por software barato que no pide vacaciones, no tiene sindicato y nunca se queja del bono anual.
El Robo de Chamba: ¿Quién Paga la Fiesta de Silicon Valley?
Moynihan y sus colegas están vendiendo una narrativa muy gacha: que la productividad generada por la IA se va a traducir mágicamente en mejores salarios o en más oportunidades para todos. ¡Aguanta vara! Históricamente, cada salto tecnológico disruptivo solo ha servido para concentrar la riqueza. La IA es el ejemplo más puro de esto, permitiendo a las grandes corporaciones hacer lo mismo, o más, con una fracción del personal, mientras que el resto de la población se queda viendo cómo se evapora la posibilidad de una carrera estable en sectores que antes eran considerados pilares de la clase media profesional.
¿Qué hace el Bank of America con la IA? Automatiza la calificación crediticia. Automatiza la detección de fraudes. Automatiza la respuesta al cliente. Todos esos son trabajos de cuello blanco que ofrecían estabilidad y buenos sueldos. ¿Y ahora qué? ¿Cree Moynihan que toda esa gente se va a convertir en ingenieros de prompts mágicamente? No. Irán a engrosar las filas del sector de servicios precarios, diluyendo el poder adquisitivo y creando una sociedad más polarizada, donde la distancia entre el que tiene el algoritmo y el que es operado por el algoritmo se vuelve abismalmente grande.
La historia nos ha enseñado que el capitalismo siempre encuentra la forma de exprimir la mano de obra. Antes era la maquinaria en las fábricas; hoy es el modelo de lenguaje generativo que absorbe la capacidad cognitiva de miles de abogados, contadores y programadores junior. El cambio es que ahora la automatización se dirige a la élite educativa que creía estar protegida, lo que acelera el colapso social a un ritmo nunca antes visto.
¿Y dónde está el beneficio?
El beneficio está en el bolsillo del accionista, no en el bienestar de la economía real. Si la IA estuviera realmente “impulsando” la economía de manera saludable, veríamos un aumento sostenido en la inversión de capital productivo fuera del sector tecnológico y financiero, y no solo recompras de acciones financiadas con deuda para inflar artificialmente las ganancias por acción, que es lo que realmente están haciendo Moynihan y compañía.
La Productividad Fantasma y el Riesgo Sistémico
Hablemos claro: cuando un banco habla de productividad, habla de hacer más transacciones con menos riesgo humano (o eso creen). Pero el riesgo no desaparece; solo se vuelve más complejo y menos rastreable. El despliegue de modelos de IA en finanzas introduce un ‘riesgo algorítmico’ que nos debería quitar el sueño. ¿Qué pasa si el 80% de los grandes bancos del mundo están usando modelos similares de IA para gestionar el riesgo de crédito? Si uno de esos modelos tiene un sesgo inherente o un punto ciego, y el mercado se mueve de forma inesperada, tendremos un colapso sincronizado a velocidad de luz, mucho peor que la crisis del 2008, donde al menos había humanos que tardaban unos minutos en darse cuenta de que todo se estaba yendo al carajo.
Ahora, la reacción sería instantánea. Un ‘crash flash’ global, pero permanente. ¿Quién tiene la capacidad de auditar estos sistemas? Nadie. Son cajas negras propietarias, y la transparencia es vista como una debilidad competitiva. Estamos depositando la estabilidad financiera global en sistemas que ni siquiera sus creadores entienden completamente en un nivel profundo, porque son sistemas que aprenden y evolucionan por sí mismos, y eso, amigos, es una locura de dimensiones bíblicas.
¿De verdad confiamos en esto?
No podemos. La retórica de Moynihan es un intento desesperado por normalizar esta peligrosa integración antes de que el público se dé cuenta de que la IA no es una herramienta, sino una fuerza que está reescribiendo las reglas de la economía para favorecer únicamente al capital concentrado. El “beneficio económico” es, en esencia, la transferencia de riesgo social al sector público y la transferencia de ganancias al sector privado, un truco viejo, pero potenciado por la velocidad del silicio.
La Profecía del Espejismo Tecnológico
En México y Latinoamérica, la narrativa de Moynihan tiene un eco particularmente cínico. Nuestros mercados laborales son más frágiles y la dependencia de las remesas y la inversión extranjera hace que cualquier inestabilidad en EE. UU., impulsada por la IA o no, nos pegue el doble de gacho. Si BofA despide a miles de personas en EE. UU. por eficiencia, eso reduce el consumo y la demanda global, afectando directamente a las economías que exportan bienes y servicios al norte. La IA se convierte así en un arma de política exterior financiera, exportando desempleo y precariedad a través de las cadenas de valor.
El argumento de que la IA va a crear un sinfín de nuevos empleos es una falacia consoladora. Los pocos empleos de alta especialización que se creen serán inaccesibles para la mayoría y serán, a su vez, los primeros en ser optimizados y automatizados por la siguiente iteración de la misma tecnología. Es una carrera de ratas donde la meta se mueve cada vez más rápido, dejando a la mayoría sin posibilidad de alcanzarla.
La IA, tal como se implementa hoy por instituciones como Bank of America, no es progreso social; es una herramienta de maximización de la renta para la élite. Estamos viviendo el desacoplamiento del mercado laboral del mercado de capitales. Nunca en la historia reciente había sido posible tener ganancias corporativas récord mientras la mayoría de la población siente que su calidad de vida se estanca o retrocede.
Moynihan, en esa entrevista de finales de 2025, estaba preparando el terreno para justificar lo injustificable: el uso de la IA como pretexto para deshacerse de costos fijos masivos. No nos dejemos engañar por el brillo del silicio. La supuesta “productividad” es solo un aumento de la explotación, y el beneficio que menciona el CEO es un beneficio que solo se ve desde arriba, desde la suite ejecutiva, mientras el suelo tiembla para todos los demás.
Es hora de que los reguladores, y la gente común, dejen de creer en los cuentos de hadas tecnológicos que salen de Wall Street. La IA de BofA no está para ayudarnos a pagar la hipoteca; está para asegurarse de que BofA sea el único que pueda pagar una hipoteca, y solo si eres un inversor institucional. Esta es la verdad incómoda que Moynihan intenta enterrar bajo montañas de jerga económica optimista y declaraciones cuidadosamente seleccionadas para sonar visionarias.
Cuando esta burbuja de hype explote, y lo hará, porque la productividad real no puede sostener la valoración actual, el costo humano será tremendo. Y será la gente como Moynihan la que dirá: “No lo vimos venir,” mientras recogen sus bonos multimillonarios y se jubilan en un yate, dejando el tiradero de empleos y el riesgo sistémico a la sociedad que dicen estar “impulsando.” Es el mismo patrón de siempre, solo que con un CPU más rápido.
La IA es un espejismo.
Exigir transparencia sobre cómo estos algoritmos están afectando las decisiones financieras y laborales de miles de millones de personas no es ser anti-progreso; es exigir responsabilidad básica a las corporaciones que controlan nuestro destino económico. No hay beneficio sin responsabilidad social, y hasta ahora, la IA solo ha generado grandes ganancias y cero responsabilidad.

Foto de Leonhard_Niederwimmer on Pixabay.





Publicar comentario