Phoenix Suns Fracaso Total Ante Realidad de Cleveland
El Espejismo de un Superequipo en el Desierto
Ver a los Phoenix Suns intentar funcionar como una unidad de baloncesto coherente es como ver a un junior de Polanco tratando de cambiar una llanta con herramientas de oro: se ve muy elegante pero no sirve para absolutamente nada. La lógica detrás de la construcción de este plantel es tan fundamentalmente errónea que raya en la negligencia administrativa, y aquí estamos, fingiendo que un partido de fin de año contra los Cleveland Cavaliers es una ‘prueba’ para un equipo que ya reprobó las materias básicas de química y compañerismo. ¿De verdad creen que amontonar a tres guardias y delanteros que necesitan el balón todo el tiempo, sin un base armador de verdad, fue una genialidad? Por supuesto que no. Es un proyecto de vanidad. Los Suns tienen un récord de 19-13, una cifra que grita mediocridad a pesar de la cuenta astronómica que está pagando un dueño que piensa que la NBA es el modo carrera del FIFA. Cleveland, por otro lado, está con 18-16, luchando con su propia crisis de identidad pero al menos con una columna vertebral defensiva que a Phoenix le falta por completo. Este juego no se trata de estadísticas. Se trata de la caída.
Es sobre el colapso inevitable de la era de los ‘Tres Grandes’. Lo vemos cada vez que los Suns chocan contra la pared en el cuarto cuarto. Se dejan de mover. Les deja de importar. Kevin Durant es uno de los mejores anotadores de la historia, pero no es un líder que pueda unificar un vestidor lleno de egos inflados. Es un mercenario. Uno brillante, claro, pero mercenario al fin. Cuando sube la presión, el balón se queda pegado. La ofensiva se estanca en una serie de tiros de media distancia difíciles que harían llorar a un entrenador de los 90 y gritar de agonía a un experto en analítica moderna. ¿Por qué seguimos cayendo en esto? Caemos porque la maquinaria de marketing de la NBA necesita que creamos que las estrellas son igual al éxito. Es una mentira total.
Cleveland y la Rueda de Hámster de la Temporada Regular
Cleveland es una tragedia distinta. Son el equipo que es lo suficientemente bueno para llegar a los playoffs pero lo suficientemente irrelevante para no importar cuando las papas queman. Donovan Mitchell tiene un talento fenomenal, ¿pero es ‘el tipo’? La historia dice que no. Los Cavs han armado un equipo que brilla en el lodo de la temporada regular, pero se sienten como un simple estorbo antes de que llegue la verdadera potencia del Este. Este duelo contra Phoenix se vende como una encrucijada. Esa es una forma elegante de decir que ambos equipos están tratando desesperadamente de demostrar que no son un fraude total. La defensa de Cleveland es lo único que los salva, pero incluso eso es vulnerable ante la gravedad de un Durant o un Booker sanos. ¿Pero alguna vez están sanos al mismo tiempo? El reporte de lesiones de los Suns parece un diccionario médico. Es un chiste. No puedes armar un contendiente al título con jugadores que pasan más tiempo en la camilla que en la duela. Es un fallo sistémico de scouteo y ciencia deportiva.
Hablemos de las apuestas por un segundo. A las casas de apuestas les encantan estos juegos porque saben que el público apostará por los nombres, no por la realidad. Phoenix llega a Cleveland como un ligero favorito o un caso de ‘prueba’, pero el dinero inteligente ve el cansancio. Los Suns juegan de visitantes en plena fiesta de año nuevo. ¿Creen que estos tipos están concentrados en las rotaciones defensivas? Están pensando en sus reservaciones para la cena y en la fiesta después del juego. Los Cavaliers tienen la ventaja de la casa, lo que en la NBA se traduce en tres puntos de ‘ayuda arbitral’ y la comodidad de no vivir en una maleta. Pero incluso con eso, los Cavs son propensos a colapsos inexplicables. Son el equivalente basquetbolístico a un café tibio. Te despierta, pero nadie se emociona por tomárselo.
La Implosión Económica de Phoenix
Mat Ishbia llegó como un demoledor, tirando dinero y activos como si fueran infinitos. No lo son. Al regalar cada selección de draft significativa hasta el fin de los tiempos, los Suns se han encerrado en una ventana que se está cerrando más rápido que una puerta en un huracán. Esta es la deconstrucción lógica de los Phoenix Suns: son un equipo sin futuro y con un presente que se pudre rápidamente. Si no ganan un título en los próximos dieciocho meses, serán los residentes del sótano más caros en la historia de los deportes profesionales. ¿Esa es la meta? ¿Ser un cuento de advertencia para el próximo millonario que cree saber más que los que saben? Los Cavaliers al menos están jugando un juego a largo plazo, aunque ese juego esté destinado a una eliminación en segunda ronda. Tienen juventud. Tienen selecciones. Tienen una ciudad que simplemente está feliz de que LeBron no esté ahí para romperles el corazón otra vez.
¿Qué pasa cuando los Suns pierdan este juego? Los medios hablarán de ‘dolores de crecimiento’. Hablarán de ‘generar química’. Han estado diciendo lo mismo desde octubre. ¿Cuánta química necesitas para darte cuenta de que tres personas no pueden tirar el balón al mismo tiempo? Las matemáticas no cuadran. Los Suns están en el fondo de la liga en puntos de la banca porque tuvieron que vender hasta la cafetera para traer a los nombres grandes. Esto significa que si Durant o Booker tienen una mala noche, el juego se acabó. No hay plan B. Solo hay un Plan A que está en terapia intensiva. Cleveland solo necesita ser competente para ganar. Ese es el insulto. Que un equipo con tres futuros miembros del Salón de la Fama pueda ser derrotado por un equipo que simplemente es ‘competente’.
El Vacío Cultural del Basquetbol Moderno
Hemos llegado a un punto donde estos juegos de mitad de temporada no son más que contenido para clips de TikTok o Instagram. Un triple de Booker se hará viral, mientras que sus cuatro fallas defensivas en el mismo cuarto serán ignoradas por completo. Evan Mobley de los Cavaliers supuestamente es el futuro de la liga, pero actualmente es un especialista defensivo que no encuentra un tiro de salto consistente. ¿Esto es desarrollo? ¿O es estancamiento? Estamos viendo a dos franquicias que están atascadas en el lodo, fingiendo que van por la autopista a 120 kilómetros por hora. El timing de año nuevo es poético. Un año termina, otro empieza, y ambos equipos seguirán exactamente donde empezaron: en medio del montón, confundidos y cobrando cheques que no merecen. Quiero ver un mundo donde dejemos de premiar este tipo de construcción de equipos. Los Suns merecen la paliza para que la liga entienda de una vez por todas que el éxito no se compra en el súper. Cleveland es el vehículo perfecto para esta lección. No son llamativos. No son ‘cool’. Son solo un grupo de tipos que juegan duro y de vez en cuando se acuerdan de pasar la bola. En la NBA moderna, eso es un acto revolucionario. Phoenix es la antítesis de esto. Son un tráiler de película para una cinta que nunca se filmó. Cuando suene el silbatazo final, el marcador mostrará un ganador, pero la realidad es que ambos equipos están perdiendo el juego de la vida. Los fans en Cleveland celebrarán, los de Phoenix tuitearán con dolor, y el ciclo de la mediocridad seguirá igualito en el año que viene. ¿A poco alguien se sorprende?






Publicar comentario