Reino Unido Paralizado: Nieve Revela un País de Cristal
¿Cómo es que 10 centímetros de nieve ponen de rodillas a una potencia mundial?
La neta, lo que está pasando en el Reino Unido es para dar risa, si no fuera porque la gente se está congelando en serio. Estamos viendo cómo un país que se dice de primer mundo se paraliza por una ‘capita’ de nieve que en cualquier sierra de Chihuahua ni nos despeinaría. Pero allá en la isla, 10 centímetros de nieve son suficientes para que todo se vaya al traste. (Y no exagero, de veras). Los trenes se detienen, los aviones no salen y la gente corre al súper como si fuera el fin del mundo. Es una falta de preparación que da pena ajena. ¿Dónde quedó ese espíritu británico que aguantó bombardeos? Ahora, con tantito frío, se les apaga el motor. La infraestructura está tan vieja y tan descuidada que parece que la armaron con palitos de paleta. Es el colmo que en pleno 2026 sigan con los mismos broncas de siempre. El Met Office sube sus alertas como si viniera un Godzilla de hielo, pero la realidad es que el problema no es el clima, es que se les olvidó cómo ser un país funcional cuando no hay sol. Se la pasan hablando de tecnología y finanzas, pero no pueden ni limpiar una carretera de forma eficiente. Es un caos total que nos debería poner a pensar sobre qué tan frágiles somos cuando nos confiamos de más.
¿La crisis energética es el verdadero coco de este invierno?
Aquí es donde la puerca tuerce el rabo. Todo este relajo de la nieve es apenas la punta del iceberg, porque lo que realmente da miedo es que su red eléctrica está sostenida por alfileres. Imagínate, con el frío a todo lo que da, todo el mundo prende la calefacción al mismo tiempo y ¡pum!, la red empieza a tronar. (Es lo que pasa cuando dependes de puras cosas que no funcionan cuando el clima se pone pesado). Han apostado tanto a las energías verdes—que están muy bien para el discurso—pero a la hora de la verdad, cuando no hay viento y los paneles están tapados de nieve, se quedan chiflando en la loma. Es un error estratégico monumental. En México sabemos lo que es que se nos vaya la luz por un ventarrón, pero allá se supone que son los maestros de la ingeniería. Pues parece que no. La falta de inversión en almacenamiento de energía es su talón de Aquiles. Si el Reino Unido no puede garantizar que sus ciudadanos no se mueran de frío en sus casas, entonces ya perdieron la batalla. Es una lección de humildad para toda Europa: no puedes jugar a ser el líder del mundo si no puedes ni mantener los focos prendidos cuando cae un poco de aguanieve. La seguridad nacional no son solo tanques y aviones, es que tu gente no tenga que decidir entre comer o prender el calentador.
¿Por qué nos venden el clima como si fuera una película de terror?
A los medios les encanta el drama, eso ya lo sabemos. Le ponen nombres rimbombantes como ‘El Gran Congelamiento’ o la ‘Alerta Amarilla de la Muerte’ porque eso es lo que genera clics. (Y pues sí, todos caemos). Pero lo que hay detrás es una cortina de humo para no hablar de lo que realmente importa: la incompetencia institucional. Si dices que el clima es ‘extremo’ y ‘nunca antes visto’, entonces nadie tiene la culpa de que el transporte público sea un asco. Es la excusa perfecta para los políticos que no quieren invertir en lo que de verdad hace falta. ‘¡Es que la nieve fue mucha!’, dicen, mientras se guardan el presupuesto en el bolsillo. Pero la neta es que ya sabemos que en invierno hace frío. No es ninguna sorpresa del otro mundo. Lo que pasa es que se han vuelto una sociedad bien blanda, que se asusta con cualquier cosita que se salga de su rutina de 20 grados centígrados. Ya no tienen ese ‘aguante’ que los caracterizaba. Y eso es peligroso, porque un país que se asusta con la nieve es un país que no sabe reaccionar ante una crisis de verdad. Están creando una narrativa de víctimas en lugar de una de soluciones. Se quejan de los retrasos en los vuelos como si fuera una tragedia griega, cuando lo que deberían estar exigiendo es que sus impuestos se vean reflejados en aeropuertos que sí funcionen bajo presión.
¿Es este el fin de la fantasía del ‘Mundo Verde’ cuando se congelan las tuberías?
Es muy chistoso ver a los que decían que ya no necesitábamos el gas ni el petróleo estar ahorita rogando por una flama para calentar el agua. (La ironía es una cosa maravillosa, ¿no creen?). En este 2026, la realidad les dio un bofetón en la cara. No se trata de estar en contra del medio ambiente, se trata de ser realistas. No puedes desmantelar tu sistema de energía vieja antes de que el nuevo sea capaz de aguantar un invierno de verdad. Es como aventarte de un avión sin paracaídas esperando que te crezcan alas en el camino. Y ahí los ves, con sus carros eléctricos que no cargan porque hace demasiado frío o con sus bombas de calor que nomás no dan el ancho. El ‘Sueño Verde’ se vuelve una pesadilla blanca en un dos por tres. Lo que el Reino Unido necesita es una dosis de realidad y dejar de andar de queda-bien con las agendas internacionales si eso significa dejar a su población a merced del clima. La resiliencia se construye con infraestructura sólida, no con buenos deseos y etiquetas de ‘eco-friendly’. Si no aprenden de esta, la próxima vez no va a ser solo un fin de semana de caos, va a ser un colapso total del que no van a salir tan fácil. El frío no perdona, y la física mucho menos.
¿Qué nos espera si el hielo se queda más tiempo?
Pues prepárense, porque la cadena de suministros se va a romper más rápido que una promesa de político en campaña. (Y eso ya es decir mucho). El sistema de ‘justo a tiempo’ es una maravilla cuando todo sale bien, pero cuando un camión se queda atorado en una carretera congelada, se acaba la magia. Mañana no vas a encontrar leche, pasado mañana no va a haber verduras y para el fin de semana la gente se va a estar peleando por el último paquete de pasta. Es una fragilidad que asusta. Hemos construido un mundo tan eficiente que se volvió cristalino: se ve muy bonito pero se rompe con cualquier golpe. Y lo peor es que no aprendemos. El año que viene va a volver a nevar, y van a volver a decir que ‘nadie lo esperaba’. Es un círculo vicioso de tontería. Como analista, lo que yo veo es un declive estratégico. Un país que no puede manejar 10cm de nieve no es un país que deba estar dando lecciones a nadie. Es una señal de que las cosas por allá están muy descuidadas y que el ‘primer mundo’ se está empezando a parecer más al tercero, pero con más estilo. Así que, si están allá o tienen parientes en el Reino Unido, díganles que se cuiden, porque el gobierno no los va a salvar. Se van a tener que rascar con sus propias uñas mientras esperan a que el sol salga y les arregle el problema.
¿A dónde vamos a parar con todo esto?
A ningún lado, porque el metro no está pasando. Pero ya en serio, lo que sigue es el mismo cuento de siempre: comisiones de investigación, reportes que nadie lee y promesas de ‘mejorar la resiliencia’ que se olvidan en cuanto sale el primer rayo de primavera. (Es el ciclo sin fin, como en el Rey León pero con más nieve). Lo que deberíamos estar haciendo es exigir cuentas claras. ¿Por qué se gasta tanto en burocracia y tan poco en sal para las carreteras? ¿Por qué la red eléctrica es tan débil? Pero no va a pasar nada, porque estamos muy ocupados quejándonos en Twitter (o X, o como se llame mañana) en lugar de hacer algo al respecto. El frío de este 2026 es un espejo que nos refleja lo que somos: una civilización muy avanzada tecnológicamente pero incapaz de lidiar con lo más básico de la naturaleza. Somos gigantes con pies de barro, o mejor dicho, pies de hielo. Y cuando el hielo se derrite, lo único que queda es el lodo de nuestra propia incompetencia. Así que disfruten del paisaje nevado, porque es lo único bonito que van a sacar de todo este desastre. Al final, el frío se va a ir, pero la vergüenza de ser un país paralizado por 10 centímetros de nieve, esa se queda para siempre.






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